supermag se activó demasiado pronto. Esto suele ser un indicador de que algún código del plugin o tema se ejecuta demasiado pronto. Las traducciones deberían cargarse en la acción init o más tarde. Por favor, visita Depuración en WordPress para más información. (Este mensaje se añadió en la versión 6.7.0.) in /home/partenon/public_html/wp-includes/functions.php on line 6121No es a través de las religiones cristianas que podemos determinar lo que Jesús enseñó. En el siglo IV, bajo la autoridad del emperador Constantino, se impusieron las doctrinas que sustentarían a la iglesia oficial del imperio romano, muchas de ellas contradictorias con el mensaje de Jesús enfocado en amar a Dios amando a los demás, en el entendido que yo/los demás constituyen una unidad. Las doctrinas decretadas en el Concilio de Nicea han sido legitimadas siglo tras siglo, no sólo por la iglesia de Roma surgida a la sombra del Emperador, sino por la mayoría de las congregaciones religiosas que se desprendieron de ella a partir de la Reforma promovida por Martín Lutero en el siglo XVI.

Estas iglesias cristianas con divergencias teológicas y doctrinales, tienen en común la figura de Yeshua. Más allá de sus diferencias, luchas y rivalidades, crearon y sostienen reinos humanos integrados por jerarquías de varones. Reinos de este mundo al servicio de las minorías que rigen el planeta, dedicadas a controlar tierras y almas con espada y temor. Muchas de estas instituciones religiosas —que suman más de treinta mil denominaciones— en su práctica demuestran que son opuestas e incompatibles con las enseñanzas de Jesús, e inconciliables con el Reino de Dios presente en cada persona (Lucas 17,21).
Para desentrañar el mensaje y aprender a hablar el idioma espiritual del Padre, es necesario tomar como punto de partida la unidad. Podría considerarse que la única doctrina predicada por Jesús—en caso que pudiera ser considerada doctrina— y expresada a través de sanaciones y milagros de compasión, fue el amor al prójimo como modo de manifestar la unidad —el amor— en Dios. En una de las tantas ocasiones en que fariseos y saduceos lo cuestionaron, uno de ellos le preguntó: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?» Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mateo 22,36-39). Ambos mandamientos, escritos en los libros Deuteronomio y Números, eran reconocidos como legítimos por las jerarquías religiosas, aunque no los practicaran.
Revisemos la equivalencia dada por Jesús: amar al prójimo es ‘semejante’, esto es, similar, idéntico, igual a amar a Dios. Esta semejanza entre el Creador y los seres humanos aparece descrita en el libro de Génesis: «Dijo Dios: Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra» (1,26). A esta semejanza alude la frase «Yo y el Padre somos uno», cuya veracidad incluye a toda la humanidad. La unidad con el Padre es inherente a todo ser humano, aunque no se tome conciencia de ella. El mensaje de Jesús fue reducido por los teólogos y legistas del cristianismo a una especificidad de Jesús con el Padre. Esta unidad es independiente de la conciencia humana y requiere de la experiencia unitiva para ser identificada e incorporada: «…para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también sean uno en nosotros…. como nosotros somos uno» (Juan 17, 21.23).

El Evangelio de Juan narra un diálogo entre Jesús y una mujer de la ciudad de Siquén quien —como la mayoría de la humanidad de todos los tiempos — era prisionera de doctrinas y dogmas discriminatorios. La mujer llegó sola, a mediodía, al pozo cercano a la heredad que Jacob legó a su hijo José. Jesús, cansado del camino entre Judea y Siquén, sentado junto al pozo, le pidió agua. La samaritana respondió perpleja: « ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer de Samaria?» (Juan 4,9). El diálogo es significativo por varias razones, entre ellas porque fue con una mujer, lo que transgredía la tradición, y además de ser mujer era samaritana. Los judíos consideraban inmundos a los samaritanos y segregaban a las mujeres, incluso a las judías, considerándolas seres inferiores a los hombres. Una mujer debía permanecer toda su vida bajo la autoridad y representación de un hombre; ella sola era una nada invisible. En ese estado de discriminación se les prohibía el estudio de la Torah e interesarse en temas religiosos, por lo que los discípulos de Jesús «se sorprendieron de que hablara con una mujer» (Juan 4,27).
La pregunta de la samaritana reveló un sistema de creencias dogmático basado en la diada aceptación/rechazo. De acuerdo a estos marcos conceptuales, los individuos se clasifican en categorías: si comparten las mismas creencias y costumbres son aceptables e incluidos como un ‘nosotros’, en cambio si no comparten el mismo imaginario social son rechazados y excluidos como ‘los otros’. La pregunta de la mujer cuyo nombre desconocemos, como son usualmente desconocidos los nombres de las mujeres, reveló también mil años de discordia religiosa entre judíos y samaritanos. Una historia de pleitos y masacres que inició en el siglo X a.C., cuando diez de las doce tribus herederas del patriarca Jacob rechazaron la legitimidad de Judea como centro político y religioso de Israel y negaron la sacralidad del templo de Jerusalén.

Las tribus del norte argumentaron inconsistencias en la interpretación de la Torah, asumiendo que el mítico rey David, descendiente de la tribu de Judá, cometió un error en la designación del sitio donde su hijo y heredero Salomón construiría posteriormente el templo de Jerusalén como centro religioso de todo Israel. Según la interpretación de la Torah realizada por las tribus del norte, el lugar legítimo para la edificación del templo sería el Monte Gerizim en Samaria y no Jerusalén, enclave de la dinastía davídica. De tal modo, erigieron su propio templo en las inmediaciones de la ciudad de Siquén, próximo al pozo de Jacob que sirvió de escena al evangelista Juan para narrar el diálogo entre Jesús y la mujer. Aún hoy, casi tres mil años después de iniciado el pleito, para los judíos Jerusalén sigue siendo el epicentro no sólo de Israel sino del mundo, mientras que para los samaritanos es el Monte Gerizim.
Siquén, ciudad más antigua que Jerusalén con una historia conocida de más de cuatro mil años de antigüedad, está vinculada a la tradición bíblica desde Abraham hasta Jesús. «Abrán atravesó el país hasta el lugar sagrado de Siquén, hasta la encina de Mamré. Por entonces estaban los cananeos en el país. Yahvé se apareció a Abrán y le dijo: ‘a tu descendencia he de dar esta tierra’» (Génesis 12,6.7). Como consecuencia de la escisión de las doce tribus y de la proclamación del Dios de Abraham, Isaac y Jacob en dos centros religiosos rivales ubicados en Jerusalén y en el Monte Gerizim, se consolidó la separación de los hijos de Israel e inició la pugna cuyos frutos de ira y desconfianza subyacen a la pregunta de la samaritana: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer de Samaria?».

Un milenio antes del inicio del conflicto entre las doce tribus, Siquén fue arrebatada por Jacob y sus hijos a los jivitas —de origen cananeo— en venganza por el rapto y violación de Dina, hija de Jacob. Narra el libro de Génesis que el hijo de Jamor, príncipe de la región, «la vio, se la llevó, se acostó con ella y la humilló ». Después, «se sintió atraído por Dina» y dijo a su padre «Tómame a esta chica por mujer» (Génesis 34,2.4). Como estratagema, los hijos de Jacob pusieron la condición que, para entregarles a su hermana, todos los hombres debían circuncidarse: «Al tercer día, mientras ellos estaban con los dolores de la circuncisión, dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, blandieron cada uno su espada y, entrando en la ciudad sin riesgo, mataron a todos los varones. También mataron a Jamor y a (su hijo) Siquén a filo de espada: tomaron a Dina… y salieron. Los hijos de Jacob pasaron sobre los muertos, pillaron la ciudad que había violado a su hermana y se apoderaron de sus rebaños… de cuanto había en la ciudad y en el campo. Saquearon toda su hacienda, incluso sus pequeñuelos y sus mujeres, y pillaron todo lo que había dentro» (Génesis 34,25.29).
En esta tierra de violencia ancestral, ante la pregunta de la samaritana, «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer de Samaria?», Jesús respondió con la metáfora del agua viva relacionada con el conocimiento eterno, en contraposición con el agua del pozo de Jacob que refleja el conocimiento temporal. Contrastó: «Todo el que beba de esta agua (del pozo de Jacob) volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé no tendrá sed jamás… se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna» (Juan 4,13-14). Cuando una persona salta del conocimiento temporal al conocimiento eterno, deja de someterse a doctrinas religiosas y a instituciones. La samaritana dio ese salto: «…dame de esa agua, para no volver a tener sed y no tener que venir aquí a sacarla» (Juan 4,15), mostrando su liberación de adoctrinamientos de antigua raigambre.

Esta última frase «y no tener que venir aquí a sacarla» expresa la transformación de su universo conceptual: el pozo de Jacob, al que antes de la comprensión del mensaje de unidad proclamado por Jesús le adjudicara un gran valor simbólico ligado al Patriarca de Israel, perdió relevancia. Igualmente desapareció la falsa idea concerniente a la mayor legitimidad de alguno de los dos templos rivales: «Dios es espíritu» (Juan 4,24), no reside en Jerusalén ni en Gerizim. Los pensamientos y sentimientos de millones de personas de las tres religiones abrahámicas que durante milenios han hecho un ídolo de Jerusalén, crearon y sostienen cúmulos de energía organizada e inteligente —egregores— de odio y rivalidad que mantienen la dramática situación de la región. Jesús no sólo pasó por alto la pugna acerca de los templos, sino desestimó de forma general la importancia de los lugares considerados sagrados en la experiencia espiritual a la que invita el Padre y de la que él fue mensajero. En contraste, realzó la trascendencia del ser humano por encima de las religiones y sus ídolos: «Créeme, mujer, que llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre…. llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren» (Juan 4,21-23).

Para ser adorador desde la perspectiva de Jesús, es necesario conocer la realidad ficticia y temporal de las prioridades y ambiciones creadas por la conciencia fragmentada. El nuevo nacimiento que produce la experiencia espiritual unitiva convierte al sujeto en servidor de la realidad eterna, lo que conlleva la negación de las barreras que la fragmentación levanta entre los sexos, razas, clases sociales, religiones y naciones. Adorador es, en el contexto de la experiencia que transmite Jesús, la persona libre de ídolos físicos y mentales. Esta adoración en «espíritu y verdad» (Juan 4,24) es personal, no institucional; directa, no a través de personas e instituciones intermediarias; interior, no exterior. Es inaprensible en doctrinas y rituales, porque proviene de un entendimiento que detecta la unidad aún en lo que se manifiesta como opuesto: no hay dos, sólo Uno.
El adorador definido por Jesús no fragmenta, por lo tanto no es idólatra. La idolatría y el pensamiento dogmático proceden de la conciencia fragmentada. La mujer samaritana entendió que ningún lugar o individuo es más significativo que otro. Todo lo existente es manifestación y presencia del Yo Soy, el Yo infinito: nombre con que el Padre se identificó con Moisés. Cada persona, cada yo soy que accede a la conciencia unificada se libera de la herencia de temor, ira e ignorancia y, consciente de la interconexión de todo lo existente, se hace «fuente que brota para vida eterna» (Juan 4,14).
«Dios es espíritu» (Juan 4,24), dijo Jesús a la samaritana. Si la humanidad está hecha a su imagen y semejanza, no hay duda que somos su espíritu, una unidad indivisible; cualquier idea de separación es una ilusión. Así como las olas nunca dejan de ser océano, los seres humanos, en apariencia individuos separados, nunca dejan de ser Dios-espíritu. Esta unidad esencial justifica que todos los humanos puedan afirmar sin temor a equivocarse «Yo y el Padre somos uno». Una vez que se produce este entendimiento se eliminan los obstáculos para pasar de la unidad implicada a la unidad explícita, real.

Apropiarse de la realidad libera de la obediencia a dogmas, doctrinas y rituales construidos por personas e instituciones que se presentan como representantes de un Dios separado de la humanidad. Esta experiencia unitiva produce una transformación espiritual, mental, emocional y física del sujeto que establece la ruptura con las dualidades aceptación/rechazo, inclusión/exclusión en las que se fundamentan los poderes dominantes. El mundo se entiende entonces como un conjunto indivisible de manifestaciones —aspectos, apariencias— del Uno. La mujer u hombre consciente de la realidad puede caminar sobre las aguas del Mar de Galilea sin hundirse.
Citas bíblicas: Biblia de Jerusalén, Ed Desclée De Brouwer, 2009
Imágenes: Google
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Aída Reboredo ArroyoExisten registros de información de vidas y acontecimientos pasados a los que no se tiene acceso en el estado de vigilia común. Sin embargo, en sueños, visiones, meditación y psicoterapia de regresión se revela esta historia de nuestras vidas, abriéndose la posibilidad de interactuar con las personas y circunstancias que se manifiestan. Conocer estos registros permite consolidar el aprendizaje favorable al desarrollo de la conciencia unificada del sujeto y transformar la conciencia fragmentada que provoca la repetición de encarnaciones. Estas experiencias grabadas en el cuerpo energético se activan en cada nueva materialización, con independencia del tiempo transcurrido entre el momento en que ocurrieron y la vida en curso.

Ignorar las vidas pasadas no anula su influencia en la vida presente. Al morir el cuerpo físico, el cuerpo energético experiencial continúa existiendo y eventualmente se vuelve a manifestar dando forma a un nuevo cuerpo material. Existe una unidad intrínseca entre el cuerpo material y el cuerpo energético portador de la información de vidas pasadas. Esta integración entre ambos cuerpos se disuelve con la muerte del cuerpo físico, pero la experiencia de esa vida queda grabada en el cuerpo energético, también llamado alma o espíritu. No sólo se conserva la experiencia humana sino la de todo lo existente, visible e invisible.
Aunque los registros de información disponibles en el cuerpo energético puedan ser conocidos por medio de la psicoterapia de regresión, de la meditación, de visiones y sueños, esta información deberá interpretarse y ser asimilada por el sujeto antes que pueda producir un efecto lo suficientemente significativo como para transformar su sistema de creencias y crear cambios sustanciales en su vida. El entendimiento del sujeto se expande al darse cuenta que el pasado no sólo humano, sino el pasado de todo lo existente, se encuentra registrado en eterno presente. Cuando desaparece la visión fragmentaria de la existencia se alcanza de forma intuitiva, más que racional, la certeza de la unidad.

Como fruto de la psicoterapia de regresión a otras vidas se facilita la transformación del sistema de creencias que reduce la existencia a un principio y un final. Cambian los paradigmas: el espíritu y la materia, la vida y la muerte dejan de ser percibidos como dualidades y se comprenden, más allá de sus características particulares, como distintas expresiones de la unidad. En otras palabras, el espíritu, la materia, la vida y la muerte son reinterpretados como manifestaciones de una esencia común, divergentes sólo en apariencia. Como fruto del nuevo entendimiento la persona toma en cuenta lo particular y la dualidad como necesarios para comprender e interactuar en la realidad material, pero ya no se perderá en fenómenos singulares. Liberada de la confusión previa se mantendrá, sin interrupción, consciente de lo general. La persona deja de estar dividida entre el presente, el pasado conocido y desconocido, y un futuro incierto al adquirir la convicción de la continuidad de la existencia tras las cortinas de la aparente finitud material.
La psicoterapia de regresión permite el acceso consciente al registro de información grabado en el cuerpo energético. En este registro el pasado y el presente se reflejan de manera similar a como ilustra la metáfora de la Red de Indra: una infinita red de finas cuerdas sostiene gotas de rocío; cada gota de rocío refleja a todas las gotas sostenidas en la red y a su vez es reflejada por cada una de ellas. Aplicando esta metáfora al tema que nos ocupa, esta red existiría no sólo en el plano físico espacio-temporal interrelacionando personas, sino también en la conexión que existe entre diferentes tiempos y espacios, ligando experiencias individuales de vidas pasadas con la vida presente y relacionándolas simultáneamente con las vidas pasadas-presentes de los otros.

La historia de un individuo no inicia en la vida intrauterina: es mucho más antigua, y tan antigua como desconocida para el común de la humanidad. Un sujeto no está solamente determinado por la suma de circunstancias de su vida presente, sino por las experiencias acumuladas en existencias previas. La psicoterapia de regresión aporta elementos que permiten detectar características que se repiten en diferentes vidas y permanecen activas en la actual. El conocimiento de estas pautas reiteradas permite interrumpir las repeticiones que originan sufrimiento y potenciar las experiencias que generan paz y alegría permanentes. Las experiencias que generan sufrimiento son aquellas que parten del egoísmo e infligen daños contra sí mismo o contra otros. Las que consolidan paz y alegría derivan de acciones desinteresadas de compasión. Con frecuencia los conflictos severos entre personas —entre padres e hijos, hermanos, socios de negocios, parejas— provienen de hechos acontecidos en vidas pasadas que permanecen pendientes de solución. Las entidades vivientes se mantienen enlazadas vida tras vida por la ley de afinidad y por responsabilidades contraídas en existencias anteriores. Cada encarnación a la que se accede es una oportunidad para aprender a liberar el poder del amor.

La persona se empodera al darse cuenta que no son los otros, ni es la suerte ni tampoco la desgracia las que crean el estado en que vive, sino que sus circunstancias son moldeadas con la energía de sus propios pensamientos, intenciones y acciones que generan efectos a corto, mediano y largo plazo, incluso más allá de la presente vida. La comprensión de la continuidad de la existencia consciente, de la permanencia del cuerpo energético y de la muerte como un acontecimiento que sólo desintegra al cuerpo material, transforma la falsa creencia de individualidad desvinculada del conjunto y de responsabilidad limitada al grupo inmediato de pertenencia —familia, amistades—. En consecuencia, la persona se mantiene alerta a cada encuentro, que pudiera ser un reencuentro o el inicio de una nueva relación que, en ambos casos, es muy probable que se extienda más allá de la presente vida. De este modo se vive con los ojos abiertos: cada circunstancia se aprecia como una oportunidad para corregir errores, para prevenir daños a nuestras propias personas o a los demás en ulteriores relaciones de la vida actual o de vidas futuras, o para iniciar una nueva relación de bien.
Las imágenes que se despliegan en la mente durante las sesiones de psicoterapia de regresión aportan información detallada acerca de la época y lugares en que ocurrieron los hechos, así como de las características específicas de las personas involucradas. La información se recibe con precisión de sonidos, colores, luminosidad, olores, entre otros datos útiles para ubicar la época y el lugar donde ocurrieron los hechos observados. En algunas ocasiones, quien está experimentando la regresión siente repulsión o temor ante personas; en otras se conmociona al reconocer a personas amadas que perdió en alguna otra vida. En ambos casos el psicoterapeuta propicia el acercamiento y el diálogo, sea para solucionar el conflicto o para reafirmar las consecuencias sanadoras del reencuentro. En la revisitación del pasado el sujeto con frecuencia se reconoce a sí mismo bajo otra identidad. Es posible comprobar la veracidad de la información obtenida —nombres y apellidos, nombres y descripciones de pueblos desaparecidos siglos atrás, fechas históricas— en registros civiles, en mapas, en antiguos acontecimientos históricos cuyas fechas en algunas ocasiones son expresadas en calendarios desconocidos para el sujeto en regresión y que se corresponden con precisión a sus equivalentes en el calendario gregoriano.

El método de psicoterapia de regresión a otras vidas al que me refiero, consiste en inducir un estado de relajación profunda a través de respiraciones pausadas, sin incurrir en hiperventilación ni en estados alterados de conciencia. El psicoterapeuta guía al individuo para lograr la observación detallada y la verbalización precisa de las imágenes y sonidos que se despliegan en su mente. El uso del lenguaje permite trasladar a registros conscientes imágenes que tienden a ser semejantes a las oníricas. La persona guía debe permanecer atenta a gestos y movimientos corporales, así como ser cuidadosa en la recolección de datos para detectar lo esencial y evitar desvíos hacia temas secundarios que oculten la información relevante. La posibilidad de desentrañar la trama central depende de la intuición, además de la atención y concentración plenas. La intuición es la forma de conocimiento instantáneo indispensable para incursionar en las realidades paralelas. Mientras que el razonamiento es resultado de experiencias previas, la intuición irrumpe súbitamente ofreciendo una comprensión inmediata. A través de la intuición se accede a fuentes de información que están fuera del alcance de la racionalidad.
Conocer las vidas pasadas transforma la visión del mundo y de sí mismo. Aquello que antes de las experiencias de regresión era considerado una colección de fragmentos separados, aleatorios y sin relación entre ellos, se entiende posteriormente como un amplio campo de posibilidades de interacción donde la conciencia observante no sólo trasciende las innumerables muertes físicas, sino conserva lo aprendido en cada una de ellas. Como consecuencia de esta revolución interior el individuo se libera de los pensamientos y sentimientos inherentes al sistema de creencias fundamentado en la fragmentación de la existencia. La vida adquiere un significado infinito y eterno.

Cada vida ofrece un abanico de posibilidades no sólo para rectificar errores y potenciar aciertos de vidas pasadas, sino para generar nuevas circunstancias. Cada nueva materialización del cuerpo energético constituye de este modo una plataforma constructiva, no obstante que esté anclada en las vidas anteriores y condicionada por ellas. La vida después de la muerte es la continuidad de nuestra existencia y la historia de vidas pasadas no es un tema ajeno a nuestro presente.

Fotos Vivian Maier. Google.
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Lucas 19:10“Hijo de Hombre”, se llamó Jesús a sí mismo indicando con su origen el propósito de rescatar la identidad humana original perdida. Este proceso de recuperación no consiste en agregar algo nuevo a la vida, sino en darse cuenta de lo que ya es: conciencia eterna entretejida en cuerpos temporales, materia y espíritu entrelazados. El apelativo Abba, Padre, usado por Jesús para referirse al Eterno, revela la unidad indisoluble. En esta certeza afirmó: “Yo y mi Padre somos uno”, asumiendo de forma individual la narración del libro de Génesis sobre el origen de la humanidad: “Creó, pues, Dios, al género humano conforme a su imagen… varón y mujer los creó” (1). De este modo, al llamar Padre a Dios no sólo se incluyó a él mismo en esta filiación, sino incorporó a toda la humanidad.
El Padre no es ajeno a su creación, no está adentro ni afuera: le es inherente. Nada existe fuera de su presencia: “no está lejos de ninguno de nosotros, porque en Él vivimos, nos movemos y somos… somos de origen suyo” (2). Esta realidad predeterminada no depende de nuestras obras o creencias. Lo que sí depende de nosotros es despertar a la forma de existencia que trasciende la percepción sensorial y darnos cuenta que somos individuos entrelazados en una totalidad. Para vivificar la unidad que constituye el diseño original de la creación se requiere la voluntad, la sensibilidad y la participación inteligente de cada persona. Al activarse la conciencia unificada se alcanza el propósito del Enviado cuando oró por la humanidad diciendo: “… que todos sean uno; como tú Padre mío eres en mí y yo en tí, que también ellos sean uno en nosotros”(3).

El salto hacia la nueva conciencia implica abandonar la creencia en el pequeño yo como fundamento de provisión y seguridad; confiar en la verdadera fuente inherente a la vida: “cuyo origen no lo sé, pues no le tiene, más sé que todo origen de ella viene, aunque es de noche” (4). En el diálogo nocturno con Nicodemo, Jesús le explicó que para lograr el tránsito de la conciencia fragmentada (“la carne”) a la conciencia de unidad (“el espíritu”)es necesario “nacer de nuevo”: “Si alguno no nace de nuevo, no podrá ver el reino de Dios…” (5). El reino de Dios, también llamado en el Evangelio según Mateo “reino de los cielos”, es un estado de conciencia que se alcanza con la comprensión de la unidad, transformándose la antigua manera de existir en una nueva forma de pensar, sentir y actuar. Del egoísmo, la insensibilidad, la competencia y la indiferencia hacia el prójimo se accede al amor y a la compasión. Este reino, al que Jesús dedicó gran parte de sus enseñanzas, permanece oculto en el estado la conciencia fragmentada. El reino es interior y está aquí, es la comprensión y la puesta en marcha en cada individuo de una forma de vida que tome en cuenta la unidad espíritu materia: “No viene el reinado de Dios con observación, ni dirán: Mira ‘Aquí’ o ‘Allá”…porque el reinado de Dios dentro de vosotros está”, traducción literal del texto original griego (6).
El siguiente relato de la sanación de un hombre ciego ilustra el proceso de transición entre el estado fragmentado y el estado unificado de la conciencia: “…le trajeron a un ciego…tomó al ciego de la mano, y sacándolo fuera de la aldea, escupió en sus ojos, le impuso la mano y le preguntó: ‘Qué ves?’ Y viendo, dijo: Veo a los hombres como árboles que caminan. Y le impuso nuevamente la mano en los ojos, y fue sanado, y veía todo con nitidez… le dijo ‘Ni siquiera entres en la aldea, ni se lo digas a nadie en el pueblo’ (7). No entrar a la aldea ni decirlo al pueblo es la condición para crear la nueva conciencia cuya formación constituye un proceso progresivo en espiral ascendente de aprendizaje, comprensión, compromiso y acción. De forma paulatina se alcanza la coherencia entre pensamientos, sentimientos, intenciones, palabras y acciones. Para no reforzar la energía remanente de la conciencia fragmentada no se debe retornar al pasado, a la ‘aldea’ . Con la consolidación del nuevo sistema de creencias desaparecen el miedo y sus subproductos: incertidumbre, preocupaciones, ansiedad, tristeza, depresión.
“El que… mira atrás de sí, no es apto para el reino de Dios” (8), reino interno en cada ser humano que consiste en no abandonar bajo ninguna circunstancia la certeza de la unidad entre la parte y el Todo. Este sistema de creencias produce reacciones diferentes a las que genera el estado de conciencia fragmentada que busca satisfacer prioritariamente los propios intereses, enalteciendo al pequeño yo por encima de la unidad. Jesús alertó que “Ojo por ojo y diente por diente” (9) o “Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo” (10) es la negación de la unidad en el Padre. Fue imperativo al decir “Amen a sus adversarios, bendigan al que los maldice, hagan el bien al que los aborrece y oren por los que los llevan por la fuerza y los persiguen” (11) como forma de vida en unidad en el Padre.

La persona que oscila entre la creencia de ser un yo separado y la conciencia de unidad en el Padre es como un reino dividido: “Todo reino dividido contra sí mismo será aniquilado, y toda casa o ciudad dividida contra sí misma, no permanecerá en pie” (12). Con la comprensión de la unidad se transforma la mente fragmentada mitigándose el conflicto entre pensamientos contradictorios. La persona dividida en sí misma es cautiva de ilusiones que tergiversan su entendimiento. La incongruencia entre pensamientos y acciones crea sentimientos de carencia. La lucha interna por mantener vigentes dos sistemas de creencias incompatibles provoca inquietud, incertidumbre, culpa y tristeza. En estas condiciones la persona no es capaz de alcanzar paz, que es un estado permanente de armonía interna independiente de factores externos.
No se logra vivir en paz mientras no se elimina la fluctuación entre los dos sistemas de creencias: “Nadie…pone vino nuevo en odres viejos, no sea que se revienten los odres, y el vino se derrame y los odres se echen a perder” (13). El “odre viejo”,metáfora que evoca las creencias fundamentadas en la conciencia fragmentada, anulará el nuevo conocimiento, reforzándose las necesidades de aceptación, seguridad y control e incrementándose el aislamiento del sujeto en la particularidad, en detrimento del “vino nuevo”, la conciencia de interconexión. El trabajo de “nacer de nuevo” —no regresar a la aldea— es individual y transforma la conciencia fragmentada —estado de desamor— en conciencia unificada —estado de amor, de reconciliación entre opuestos.
La expansión de la conciencia desde la visión del mundo limitada a lo particular inmediato y efímero hasta abarcar lo Real eterno e infinito crea un abanico de posibilidades que se expresan en conductas pacificadoras de la existencia. El prójimo deja de concebirse con indiferencia como una existencia ajena, separada y se asimila como un yo extendido cuyo bienestar concierne como propio. La regla de oro es una guía perfecta para no errar el blanco de la compasión: “Y como ustedes quieran que los hombres los traten, así también trátenlos ustedes” (14). O, dicho de otro modo: “Amarás a tu prójimo como a tí mismo” (15). Bajo la guía de Jesús se libera el sujeto de los apegos al yo fragmentario y sus circunstancias; asimismo se colapsa la identidad enfocada en el binomio aceptación/rechazo. Surge un reconocimiento no selectivo, incluyente, que acepta de igual modo a los semejantes y a los diferentes, anulándose los prejuicios y juicios.
Es necesario distinguir entre apego y amor. El apego genera miedo de perder el objeto deseado, persona o cosa, debido a la impermanencia inherente a todo lo material. La mente formula deseos de forma constante. Cuando se satisface un deseo se experimenta temporalmente placer; cuando desaparece esta sensación, la mente crea un nuevo deseo de forma tal que el sujeto vive atado a esta producción mental de insatisfacción permanente. El apego crea división, competencia, conflicto debido al deseo de dominación, posesión y control. En el estado de amor no existe aferramiento a lo particular ni deseos compulsivos condicionados por la naturaleza material. Cuando desaparece la ilusión de un yo separado, el individuo trasciende de las falsas ideas de un universo fragmentado a la comprensión incluyente y respetuosa de todo lo existente. Al salir del espejismo de las apariencias entiende que en lo múltiple se manifiesta la unidad.

Jesús se identificó a sí mismo y a sus seguidores como luz: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que encontrará para sí la luz de la vida” (16); “Ustedes son luz del mundo” (17). Nuestro origen común es la luz, nuestro destino final es la luz, la misión que tenemos es convertirnos en luz, salir de la noche oscura del alma. La lámpara es una imagen frecuente en las Escrituras que fue utilizada por Jesús para denotar el estado de conciencia: “La lámpara de tu cuerpo es tu ojo; así pues, cuando tu ojo sea inocente, también todo tu cuerpo resplandecerá, pero si fuera malo, también todo tu cuerpo estará entenebrecido” (18). La persona unificada, atenta al reino interior, resplandece como una lámpara encendida que debe ponerse “encima de un candelero, para que los que entren vean su luz” (19). Alertó: “Ten cuidado… para que la luz que hay en tí no sea tinieblas” (20). En contraste con las metáforas relacionadas con la luz está la del ladrón de noche, el ego falso que domina en la oscuridad de la conciencia: “si el dueño de la casa supiera en qué hora de la noche vendrá el ladrón, estaría alerta y no permitiría que irrumpiera en su casa” (21).
El diseño humano, unidad de materia y espíritu, temporal y eterno, prevé la posibilidad de vivir en este mundo físico con una conciencia semejante a la que caracteriza a los seres inmateriales de luz. Para restituir la memoria de este diseño original, existe un código resguardado durante milenios por la sabiduría perenne: la conciencia unificada enseñada por Jesús para liberar a la humanidad de la opresión a la que está sometida por parte de fuerzas espirituales. Estas entidades actúan desde las sombras y a través de jerarquías humanas que mantienen a los individuos en ignorancia respecto a su origen. La prisión está edificada sobre la incertidumbre, la inseguridad y el miedo que constituyen el entramado con que los poderes políticos, financieros y religiosos mantienen el cautiverio terrestre.
Cerrarse sobre sí mismo y lo ‘suyo’ crea un espacio falacioso de seguridad: el aferramiento a la particularidad individualista obstruye el desarrollo de las múltiples capacidades humanas. Mientras más se defiende al pequeño yo y su imagen, más se acrecienta el miedo de perder esta particularidad, estableciéndose una lucha permanente por imponerse, sobresalir y dominar que genera ansiedad y mantiene a la persona en insatisfacción, incoherencia, disociación. El individuo bajo la dirección del ego falso trata de controlar su malestar existencial compitiendo con todo y con todos para sentirse dominante. La apología del yo impide la evolución de la conciencia hacia los mundos superiores de donde provenimos, a los que pertenecemos.

Desde la perspectiva de la existencia fragmentada se considera que el éxito de una persona se mide por los recursos materiales a su disposición y el poder que ejerza. Esta ideología conduce a formas de vida destructivas generando estados crónicos de ansiedad que se manifiestan con diversos síntomas físicos y psicológicos como son: irritabilidad, impaciencia, insomnio, desórdenes alimenticios, adicciones, depresión, dolores corporales, cansancio, gastritis, falta de aire, hipertensión, entre otros. Para Jesús la meta de la vida no es acumular bienes materiales, sino activar y ejercer el poder cohesionador, integrador, del amor. Quien vive en armonía con su origen, que es el llamado de Jesús, despliega paz: “dichosos los que hacen la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (22) del mismo modo que fueron llamados hijos de Dios los profetas del antiguo Israel y Jesús.
El hijo de hombre e hijo de Dios, el profeta de Nazareth hijo de María, hijo de David, explicó la Torah a un pueblo iletrado de pescadores y agricultores —pobres y marginados— y mujeres a quienes les estaba prohibida la instrucción religiosa. Jesús enseñó a estas multitudes a distinguir entre la ley transmitida por Moisés y los profetas y las doctrinas añadidas por las grupos sacerdotales dominantes. Su método de enseñanza no sustituyó a una doctrina por otra, sino cuestionó los condicionamientos heredados, impulsando a su audiencia a interrogarse libremente sobre las intenciones de los líderes religiosos a los que llamó “ciegos guías de ciegos”, “sepulcros blanqueados que exteriormente parecen hermosos, pero en el interior están llenos de huesos de muerto y de toda inmundicia” (23). Líderes que hoy, del mismo modo que en el Israel del siglo I, tergiversan las Escrituras para ejercer control social.
Jesús es libertador de conciencias, sanador de cuerpos y almas, tan presente aquí y ahora como cuando caminó por Judea, Samaria y Galilea: “El espíritu de Yahweh está sobre mí. Por eso me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres, y me ha enviado para restaurar a los quebrantados de corazón, para proclamar libertad a los cautivos y vista a los ciegos” (24). “Mi reino no es de este mundo” (25) respondió a sus contemporáneos, indicando de este modo que la liberación prioritaria es espiritual; las condiciones materiales de existencia son consecuencia del estado de ceguera espiritual. Los hombres y mujeres despiertos en conciencia unificada rompen no sólo sus propias cadenas, sino las cadenas atávicas que impiden el florecimiento pacífico, igualitario y equilibrado de toda la creación.

Al recuperar la verdadera identidad a la que nos conduce Jesús, desaparecen los temores que inmovilizan en la pequeñez del yo fragmentado. La lucha “no es contra carne y sangre, sino contra principados, contra gobernantes, contra los poseedores de este mundo de tinieblas y contra los espíritus malignos que están bajo los cielos” (26). Estos poderes espirituales y gobiernos materiales, disfrazados de “ángeles de luz”, son hostiles al desarrollo espiritual y material equitativo e integral de la humanidad. No estamos desamparados para emprender la lucha por la liberación espiritual, mental, física y emocional. Dijo Jesús: “Toda autoridad me ha sido dada sobre los cielos y la Tierra… yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (27).
(1)Génesis 1:27 Biblia Peshitta en Español. Traducción de los Antiguos Manuscritos Arameos. Instituto Cultural Alef y Tau 2006
(2) Hechos 17:28 id
(3) Juan 17:21 id
(4) San Juan de la Cruz Que bien sé yo la fonte que mana y corre Obras Completas Editorial Monte Carmelo 2003
(5) Juan 3:3,7 ibid
(6) Lucas 17:20,21 El Nuevo Testamento griego palabra por palabra, Sociedades Bíblicas Unidas 2012
(7) Marcos 8:22-26 Biblia Peshitta op cit
(8) Lucas 9:62 id
(9) Mateo 5:38 ibid
(10) Mateo 5:43 ibid
(11) Mateo 5:44,45 ibid
(12) Mateo 12:25 ibid
13) Mateo 9:16-17 ibid
(14) Lucas 6:31 ibid
(15) Mateo 22:39 ibid
(16) Juan 8:12 ibid
(17) Mateo 5:14 ibid
(18) Lucas 11:34 ibid
(19) Lucas 11:33 ibid
(20) Lucas 11:35 ibid
(21) Mateo 24:43 ibid
(22) Mateo 5:9 ibid
(23) Mateo 23:27 ibid
(24) Lucas 4:18-19 ibid
(25) Juan 18:36 ibid
(26) Efesios 6:12 ibid
(27) Mateo 28:18,20
… pasaré mi cielo haciendo el bien en la tierra
Santa Teresa de LisieuxSomos entidades híbridas: esencia espiritual infundida en cuerpos materiales en profunda interrelación mutuamente influyente que nos deja abierta la posibilidad de escoger cómo deseamos existir. La decisión que tomemos definirá no sólo nuestra presencia en el mundo material como individuos consustanciales con el Creador o como depredadores, sino además el modo en que existiremos después de morir. Esta unidad indivisible nos inscribe en dos planos de existencia: el material temporal común a toda la creación y el infinito eterno.
Esta interrelación nos otorga plena capacidad para transformar la materia en inteligencia infinita o para reducirla a un estado de caos. Bajo nuestra responsabilidad está todo lo creado, incluidos el agua y la tierra que son entidades vivas como lo es todo el universo. El Eterno da forma y sostiene a todo lo existente; la humanidad hecha de arcilla y espíritu, temporal y eterna a la vez, tiene la posibilidad de actuar en armonía con su esencia espiritual. Solamente mientras estamos encarnados podemos expandir nuestra conciencia de unidad o limitarla a lo inmediato y a lo particular. En el Zohar el cuerpo humano es llamado naal, zapato porque, así como el zapato sólo cubre el extremo inferior del cuerpo, en el cuerpo humano sólo entra el extremo inferior de nuestra esencia inmaterial; el resto se extiende en unidad hasta mundos no materiales de inteligencia y compasión infinitos.

El ser humano consciente de su realidad infinita conecta el cielo con la tierra; cuida y respeta todas las manifestaciones de la creación temporal, incluido su propio cuerpo, pero se comporta como un ser eterno reflejando la conciencia de unidad en todo lo existente. Mujeres y hombres de todas las culturas y religiones han mostrado que aún sometidos a las peores vilezas y en dramáticas condiciones de existencia —como son la pobreza extrema y los campos de concentración— es posible vivir en conciencia infinita. Cuando cesa el aferramiento a la particularidad y se desvanece la idolatría al cuerpo, la muerte ya no se entiende como el fin de la vida sino como su transformación. Nuestro propósito no es ser ángeles incorpóreos —ya hay infinidad de ellos y no nos corresponde ese lugar en la creación— sino seres plenamente humanos, enteramente conscientes de nuestra capacidad y responsabilidad de vincular la vida material y la inmaterial, los planos más densos con los más sutiles.
El cuerpo energético que se forma como resultado de los pensamientos, sentimientos, intenciones, palabras y acciones que acostumbramos a tener durante la vida material no desaparece después de morir. Esos estados energéticos guardan, entre otras informaciones, las relativas a los hábitos y a la apariencia física que caracterizaron en su vida material a las personas ya fallecidas. Por medio de dichas energías ellas continúan presentes en estrecho contacto con los vivos, influenciándolos, aunque éstos no sean conscientes de su existencia.
Al desaparecer la ilusión de un yo separado se accede a la conciencia unificada, transformándose la angustia existencial en sentido trascendente de la vida. La persona que logra esta transformación se libera de los apegos de su naturaleza animal, renuncia a ser una voluntad individual en discordia con otras voluntades particulares y se unifica con la voluntad suprema. La individualidad, la diferencia entre las partes, es el fundamento de la pluralidad que caracteriza a la creación, pero hay que ir más allá del árbol y mirar el bosque como unidad sin perder de vista la particularidad del árbol.

El mal es la negación de la conciencia de unidad, su no aceptación. Los pensamientos y acciones de desunión, de desamor, se manifiestan en odio y miedo. El miedo, que es la falta de amor, restringe, contrae. Quien vive en el estado energético de miedo se mantiene constreñido a recibir, permaneciendo en conflicto, confusión, carencia, desequilibrio; no fluye, se estanca. Quien se aferra a predominar en su pequeño yo, enalteciéndolo como si fuera Todo se estanca en su fragmento, en su particularidad, convirtiéndose a sí mismo en ídolo. El cuerpo energético de la persona que no se desprende de esta idolatría permanece después de su muerte en un estado de desorden y turbulencia aún más agudo que el experimentado durante su vida material, debido a que carece del cuerpo físico que es el vehículo para obtener la satisfacción del deseo. El aferramiento idolátrico a la particularidad —a un yo y lo mío— obstaculiza el alcance al que pudiera acceder la conciencia humana.
El estado energético de amor caracteriza a la conciencia de unidad; donde hay amor hay paz. El amor, además de una emoción es una energía, un poder que aglutina a lo particular en lo general. Por lo contrario, la conciencia fragmentada fija su atención en lo particular porque no comprende lo general, no percibe la integración de todo lo existente. El odio es un estado energético de aferramiento a un falso yo: odia quien vive ignorando al prójimo, quien lucha por ejercer control sobre personas y situaciones para afianzar la particularidad de su pequeño yo y sentirse seguro. Como un Narciso prisionero de su propia imagen, no se aparta del reflejo efímero al que se dedica con afán, anhelo y apego, temiendo por encima de todas las cosas perder su particularidad. Este empeño por sostener su singularidad conforma energías negativas que no desaparecen después de morir.
Los sentimientos de desamparo ante lo imprevisible y la imposibilidad de controlar los cambios inherentes a la existencia humana causan incertidumbre. Cada persona se organiza para crear estructuras que le generen seguridad y estabilidad. Sin embargo, a pesar de todas las medidas que puedan tomarse para generar seguridad, la persona sumergida en la visión fragmentada de la existencia vive ansiosa, en estado permanente de alerta. El sujeto agobiado por la incertidumbre que le produce esta vulnerabilidad redirige la energía invertida en el miedo hacia objetos externos que le produzcan emociones alternativas, en un intento inconsciente por controlar la inseguridad que experimenta. Este mecanismo de defensa cambia el foco de atención de sus pensamientos y sentimientos de inseguridad. Aparentemente el miedo desaparece, pero no es así. No puede desaparecer en tanto no se transforme la visión fragmentada que lo origina. La persona que vive bajo estas coordenadas generará un cuerpo energético que no llevará a la liberación espiritual sino a la formación de un ser inmaterial encadenado en sus anteriores hábitos y apegos —que es la verdadera definición de fantasma— o a la reencarnación en un ser humano lastrado por ellos.

Particularizar, fragmentar genera división, conflicto. Donde existe el afán de mantener la particularidad se produce controversia y competencia por imponer las propias particularidades. Si la persona vivió apegada a la particularidad de su ego falso, su cuerpo energético permanecerá estancado en los apegos cultivados en su vida material. La compulsión por dominar y poseer se conserva en el estado incorpóreo. Cuando el sujeto entiende que su triunfo consiste en abandonar la falsa visión de la particularidad desaparecen las contradicciones y como consecuencia, abandona la necesidad de competir como estrategia para lograr su hegemonía: deja de luchar por mantener su particularidad. El propósito de la lucha se reencauza: de ser una contienda por la dominación y el control de otros se convierte en disciplina, en renuncia de los impulsos egoístas para hacer prevalecer los intereses comunes.
Al salir de la distorsión de la realidad causada por la conciencia fragmentada cesa el aferramiento a la singularidad y se comprende que el individuo es manifestación del Todo. Se entiende asimismo que la conciencia de unidad refuerza la verdadera identidad que trasciende a la identidad impermanente de la forma material. Como consecuencia de la asimilación de este conocimiento liberador la persona pacifica su alma: cesan el miedo a vivir y el miedo a morir. No nos debe preocupar tanto comprender estos misterios como tener presente que somos esta gran unidad, que estamos de facto en el Todo, independientemente de nuestro comportamiento, deseo o voluntad, y actuar consecuentemente.
El miedo, la ira, la violencia contra sí mismo y contra otros afligen de forma creciente a la humanidad que no halla consuelo ni sosiego. Una humanidad desesperada que no puede parar ni siquiera para dormir porque se siente insegura y amedrentada. Esta situación caótica es resultado de la falsa idea de fragmentación. La armonía surge al entender que donde pareciera que hay un vacío existe una inteligencia infinita que sostiene y conecta todo con todo: “El cielo, la tierra y yo vivimos juntos, y todas las cosas y yo formamos una unidad inseparable” (Chuang Tzu). Cuando se accede a esta certeza la vida adquiere un sentido infinito y eterno.
Existe una memoria interactiva interdimensional: nada desaparece, todo es almacenado y se conserva intacto en el registro de las manifestaciones del Todo. Nada muere, nada se extingue. Pasado, presente y futuro constituyen un desdoblamiento del tiempo según es percibido por la conciencia humana, pero en realidad sólo existe el presente. El cuerpo energético conserva el estado de amor u odio, de paz o ira con que vivió, del mismo modo que conserva la apariencia física.

La entidad energética que se mantiene actuante después de la muerte tiende a adherirse por resonancia a personas vivas, reforzando sus características personales. Estas entidades incorpóreas llamadas dybbuk por la mística hebrea influencian los pensamientos y acciones del sujeto al que se adhieren sin que éste se percate de la resonancia en la que está participando. El reforzamiento agudiza los estados previos propios del ser vivo. No sólo los hospitales psiquiátricos y las prisiones sino gran parte de la humanidad está sometida bajo el poder de estas energías incorpóreas.
El estado energético que cultivamos durante la vida material continúa existiendo después de la muerte. Dicho estado puede hacerse de nuevo corpóreo en una reencarnación o puede permanecer incorpóreo, pero con conciencia, como dybbuk, como fantasma en dependencia del tipo, características específicas e intensidad de las experiencias mentales y sensuales que lo conformaron. El proceso de apertura al entendimiento liberador es progresivo; para lograrlo es necesario detener las repeticiones emocionales y liberarse de las falsas identidades y apegos. El cambio ocurre al darse cuenta que el yo físico es una ilusión transitoria. Tenemos la oportunidad de crear hoy nuestra existencia futura, en lo que nos convertiremos después de morir: santas, santos, bodhisattvas, dybbuk o fantasmas. “Camina con los pies en la tierra, pero teniendo la mirada y el corazón en el cielo” —San Juan Bosco.
The post Y DESPUÉS DE MORIR, ¿QUÉ PASARÁ? —Entre el espíritu y la materia first appeared on Aída Reboredo.]]>Those who have left us are not absent ,they are invisible
St. Augustine. Narrations about the PsalmsThe influence of the ancestors is not limited to genetic inheritance, the transmission of habits, or the repetition of behaviors. Important dates, accidents, events, and diseases are repeated by the descendants even when the memory of the predecessor has been suppressed for several generations. Silenced conflicts and hidden stories resurface in the living. By means of psychotherapies employing non-invasive techniques of the conscience the unsolved stagnated conflicts of the dead ancestor are released within the descendant’s mind.
To ignore the past makes us its prisoners. Getting to know oneself requires awareness of the transgenerational elements that constitute the reality of an individual. Ignorance of these structural components prevents the detection of states that are repeated from ancestors to descendants in long intergenerational chains.

New generations are vessels of old unsolved family conflicts that can be identified and transformed in psychotherapeutic sessions of deep relaxation. In these settings, people and spaces that no longer exist in the current world are accessed. Even though these scenes and their actors have physically disappeared, they remain alive in a different dimension closely linked to our reality. The person in a suprasensitive mental state —beyond sensory perception— produced by deep relaxation under the guidance of a psychotherapist, can interact in those scenes suspended in time. Whoever knows its past owns its present.
Ancestors and descendants, living and deceased, remain interconnected. A human being is not only a material body. Beyond the physical body perceived through the five senses, beyond the emotional body and the intellectual body exists a spiritual body composed of several layers; the outmost encompasses the entire physical universe. The spirit is not limited by space or time and supports everything that exists. A fragmented vision considers that matter and spirit are two independent realities; however, they are an indivisible unit. Matter and spirit are interdependent realities.

The spirit does not depend on the material life of a body to exist. Only under certain circumstances it is binded to physical forms but not restricted to them. Life is a manifestation of the spirit, which is the observer of material existence. When a person dies, its information records, the memory of its existence remains active. The limited perceptive capacity of the five senses, and the limited faculties of the rational mind, make the detection of the subtle planes very difficult. However, the fact that we cannot perceive them does not mean they do not exist. Suprasensorial knowledge goes far beyond the limited receptive capacity of the organs of perception and the rational mind.
The information obtained via the extrasensory route is not limited to the present existence. We also have access to the past — not only to ours — and to the future. All human beings receive information about the future through dreams and premonitions; however, not all of them take these warnings from other dimensions seriously, nor do they manage to interpret them correctly. It is also possible to receive information about past lives and beings existing in other dimensions through regression and transgenerational psychotherapies.This information is received through mental voices and images.
Awake or asleep, we are permanently and continuously linked not only to our own past and present but to the past and present of others, including those who have no physical body. Similarly, we remain linked to invisible dimensions, although we are not always aware of them. The present is not reduced to what we perceive with the senses in the here and now but is a complex network of interconnections and exchanges of information between times and dimensions with which we are in close connection and interaction. We are not alone, we do not depend only on what we see, feel, hear, or what we have stored in our memories. We are part of an interdimensional universe in permanent interdependence and communication.

Those individuals who are led into deep relaxation states through non-invasive techniques during psychotherapeutic sessions visualize unknown deceased relatives of whom they never even heard their names or had any reference of. Under the state of relaxation rational and verbal functions characteristics of the brain´s left hemisphere diminish while thought by images, characteristic of the right hemisphere, intensifies. In this state, images allowing knowledge about past events arise. The psychotherapist asks the subject to translate the images into words, to transfer them from an immaterial meditation state to a conscious knowledge, structured through verbal language.
In these sessions, the subject realizes that it is repeating the ancestor’s life. It becomes aware that what it was considering as personal events and fortuitous situations are repetitions of the life events of the deceased relative. Psychotherapeutic work allows the individual to relate to that entity from the past as if it were a physically present person. In these encounters they can see, hear, converse, and even touch each other. A meeting with the ancestor usually generates in the descendant a feeling of completeness in addition to allowing the person to clarify its own existence.
This psychotherapeutic intervention interrupts the transgenerational repetitions because it unties the knots of conflict that kept the spiritual presence attached to the subject’s energy field. Special skills are not required to have access to an experience beyond the perception from the senses, but the guidance of a psychotherapist specialized in the transgenerational method is essential.

It is common for the ancestors who manifest themselves during a psychotherapeutic session to have been rejected by their families for several generations: secret envelops their existences. Their memory however remains active in the untold, in the silence. Rejection is the family response to those who challenge the image that the family wants to portray. Denying a transgressor member and their direct descendants generates less family uncertainty than questioning its own responsibility before the critical event. This denial is a psychological defense mechanism. The rejected ancestor lives on even if its name and deeds have already been forgotten. Since no one dies because only matter can die —the physical body— the spirit of the ancestor perpetuates the state of conflict experienced during its life.
Whatever one resists persists. Whatever one rejects stagnates. Hidden conflicts generate blockings that affect not only the mind and body of a living person, but stagnations that persist even after its death. These energy blockages created by unsolved conflicts are kept waiting for a solution, regardless of the time elapsed between the individual’s death and the present time. Commonly, the rejected ancestor reflects the unsolved issue in a descendantwho will manifest it through various physical and psychological pathologies. During its lifetime the descendant will repeat events similar to those experienced by its ancestor with whom it maintains an energy and spiritual bond by affinity.
Suicide is an extreme case of conflict that tends to be silenced for generations; it is an event that cannot be singled out or isolated from the psychosocial dynamics of the family group. The suicidal individual is the group emergent who shows through its decision the severe issues that the family prefers to reject rather than analizying itself and proceeding to a honest correction. As a mechanism to protect the state the family wishes to preserve, the suicidal member is condemned to oblivion. Its name is no longer pronounced and silence and marginalization also reach its children. Even though the original events and the person’s name remain hidden in the greatest secret, the crisis echoes on through several generations. Oblivion does not solve the conflict; on the contrary, it exacerbates it.

The unsolved conflict generates an energy state that could manifest itself in a descendant, causing psychological and physical symptoms that simulate the situation suffered by the ancestor. These effects vanish when the descendant gets in touch with its ancestor and learns its story. The empathic dialogue between them makes stagnation flow, and the ancestor’s original conflict as well as its repercussion on the descendant disappears.
Thereby the transgenerational psychotherapy has healing effects that impact not only the patient but also the ancestor involved. The life of the ancestor who expressed itself from the silence through the descendant returns to the present. When given a voice, the conflict resolves, and pathological effects affecting the descendant disappear. This is possible because past, present, and future are three simultaneous realities. Ancestors and their descendants are linked even though they exist in different dimensions and times. The different planes and forms of material and spiritual existence coexist in the present, here and now.
When a descendant understands and accepts with no judgment what happened to the ancestor and captures the complexity of the ancestor’s life within its context, the conflict fades, and repetitions cease. What kept the conflict unresolved was the concealment and the secrecy. The revelation of the secret breaks the chains of transgenerational repetitions.

Aquellos que nos han dejado no están ausentes, sino invisibles. San Agustín, Narraciones sobre los Salmos
Aída Reboredo ArroyoLa influencia de los ancestros no se limita a la herencia genética, a la transmisión de hábitos o a la repetición de conductas: fechas importantes, accidentes, sucesos y enfermedades se repiten en los descendientes aún cuando el recuerdo del ancestro haya sido suprimido durante varias generaciones. Los conflictos silenciados, las historias escondidas reaparecen en los vivos. Por medio de psicoterapias con técnicas no invasivas de la conciencia, se libera en la mente del descendiente el conflicto no resuelto estancado en el antepasado muerto.
Desconocer el pasado nos convierte en sus prisioneros. Para conocerse a sí mismo se requiere tomar conciencia de los elementos transgeneracionales que construyen la realidad de un individuo. El desconocimiento de estos componentes estructurales impide la detección de estados que se repiten de ancestros a descendientes en largas cadenas intergeneracionales.

Las nuevas generaciones son vasijas receptoras de antiguos conflictos familiares no resueltos que es posible detectar y transformar en sesiones psicoterapéuticas de relajamiento profundo. En estas sesiones se accede a personas y espacios que ya no existen en el mundo material actual. Aunque estos escenarios y sus actores han desaparecido físicamente, permanecen vivos en otra dimensión que se encuentra estrechamente vinculada a nuestra realidad. El sujeto en el estado mental suprasensible —más allá de la percepción sensorial— producido por el relajamiento profundo y con la guía del psicoterapeuta puede incidir en esos escenarios suspendidos en el tiempo. Quien conoce su pasado se adueña de su presente.
Existen interconexiones entre ancestros y descendientes, entre muertos y vivos. Un ser humano no es sólo un cuerpo material. Más allá del cuerpo físico que observamos con los cinco sentidos, más allá del cuerpo emocional y del cuerpo intelectual existe un cuerpo espiritual con varias capas; las últimas abarcan todo el universo físico. El espíritu no está limitado ni por el espacio ni por el tiempo y sostiene a todo lo existente. La visión fragmentada considera que materia y espíritu son dos realidades independientes; sin embargo, son una unidad indivisible. Materia y espíritu son realidades interdependientes.

El espíritu no depende de la existencia de un cuerpo para existir. Sólo bajo ciertas circunstancias está ligado a formas físicas, pero no está constreñido a ellas. La vida es manifestación del espíritu, que es el observador de la existencia material. Cuando muere una persona su registro de información, la memoria de su existencia, permanece activa. La limitada capacidad receptiva de los cinco sentidos y las funciones propias de la mente racional dificultan la detección de los planos sutiles, pero que no podamos conocerlos a través de la percepción sensorial no significa que no existan. El conocimiento suprasensorial va más allá de la reducida capacidad receptiva de los órganos de percepción y de la mente racional.
La información que podemos obtener por la vía extrasensorial no se limita a la existencia presente: tenemos también acceso al pasado —no sólo a nuestro propio pasado personal— y al futuro. La información del futuro la reciben todos los seres humanos a través de sueños y premoniciones, pero no todos toman con seriedad estos avisos provenientes de otras dimensiones ni logran interpretarlos adecuadamente. También es posible recibir información sobre vidas pasadas y sobre seres existentes en otras dimensiones a través de psicoterapias de regresión y transgeneracionales. Esta información se recibe a través de voces e imágenes mentales.
De forma permanente, despiertos o dormidos, estamos vinculados no solamente con el propio presente y pasado sino con el presente y pasado de otras personas, incluidas aquellas que carecen de un cuerpo fisico. Del mismo modo nos mantenemos ligados a dimensiones invisibles, aunque no siempre seamos conscientes de ello. El presente no se reduce a lo que se percibe con los sentidos en el aquí y ahora, sino que es una compleja red de interconexiones e intercambios de información entre tiempos y dimensiones con los que se está en estrecha vinculación e interacción. No estamos solos, no dependemos solamente de lo que podamos ver, sentir, oír o del almacén de recuerdos: somos parte de un universo interdimensional en permanente interdependencia y comunicación.

Las personas conducidas en sesiones psicoterapéuticas a estados de relajamiento profundo con técnicas no invasivas, visualizan a ancestros muertos desconocidos de quienes a veces ni siquiera escucharon sus nombres o alguna referencia. Durante el relajamiento, las funciones racionales y verbales características del hemisferio izquierdo del cerebro decrecen mientras el pensamiento por imágenes propio del hemisferio derecho se agudiza. En este estado se despliegan imágenes que permiten conocer situaciones del pasado. El psicoterapeuta le pide que las traduzca en palabras, para transferirlas del estado inmaterial de meditación al conocimiento consciente que se estructura a través del lenguaje verbal.
En estas sesiones el sujeto se da cuenta que está repitiendo la vida del ancestro. Se percata que lo que consideraba como hechos personales y situaciones fortuitas son repeticiones de la vida de una persona físicamente muerta. El trabajo psicoterapéutico le permite relacionarse con esa entidad del pasado como si se tratara de una persona física presente: se ven, se oyen, dialogan e incluso llegan a tocarse. El encuentro con el ancestro usualmente produce en el descendiente un sentimiento de completud, además de permitirle esclarecer su propia existencia.
Este trabajo psicoterapéutico interrumpe las repeticiones transgeneracionales porque desata los nudos del conflicto que mantenían adherida la presencia espiritual al campo energético del sujeto. Para acceder a una experiencia más allá de los sentidos de percepción no se requieren habilidades especiales, pero sí es imprescindible el acompañamiento de un psicoterapeuta especializado en este método.

Es común que los ancestros que se manifiestan en las sesiones psicoterapéuticas hayan sido personas rechazadas por sus familias durante varias generaciones: el secreto envuelve sus existencias. No obstante, su memoria permanece activa en lo no-dicho, en el silencio. El rechazo es la respuesta familiar a quienes ponen en entredicho la imagen que la familia desea que prevalezca. Genera menos incertidumbre familiar negar a un integrante transgresor y a sus descendientes directos que cuestionarse sobre su propia responsabilidad ante el suceso crítico. Esta negación es un mecanismo de defensa psicológica. El ancestro rechazado continúa vivo aunque los hechos y hasta su nombre se olviden. Como nadie muere porque sólo puede morir la materia —el cuerpo físico— el espíritu del ancestro conserva el estado de conflicto que experimentó en vida.
Todo lo que se resiste persiste. Lo que se rechaza se estanca. Los conflictos ocultos generan bloqueos que afectan no solamente la mente y el cuerpo físico de la persona viva, sino estancamientos que permanecen después que la persona muere. Estos bloqueos energéticos producidos por los conflictos no resueltos se mantienen en espera de solución independientemente del tiempo transcurrido entre la muerte de la persona y el presente. Es común que los ancestros rechazados reflejen en algún descendiente la situación no resuelta; éste manifestará el conflicto de forma física y psicológica a través de diversas patologías. Asimismo repetirá en su vida sucesos similares a los ocurridos al ancestro con quien mantiene una ligazón energética-espiritual por afinidad.
Un caso extremo de conflicto que tiende a silenciarse durante generaciones es el suicidio, hecho que no puede considerarse de forma individual ni aislado de la dinámica psicosocial de su grupo familiar. El suicida es un emergente grupal que muestra con su decisión problemas severos que la familia prefiere rechazar antes que analizarse a sí misma y proceder a una honesta corrección. Como mecanismo para proteger el estado que la familia desea preservar, el miembro suicida es condenado al olvido: su nombre deja de pronunciarse; el silencio y la marginación alcanzan también a sus hijos. La crisis repercute en varias generaciones aunque los hechos ocurridos y el nombre del familiar se oculten en el mayor secreto. El olvido no soluciona el conflicto, al contrario lo recrudece.

El conflicto no resuelto crea un estado energético que puede manifestarse en algún descendiente, causando síntomas psicológicos y físicos que simulan la situación que padeció el ancestro. Estos efectos se desvanecen cuando el descendiente entra en contacto con su ancestro y conoce su historia. El diálogo empático entre ambos hace fluir el estancamiento, desapareciendo tanto el conflicto original del ancestro como su repercusión en su descendiente.
De este modo, el trabajo psicoterapéutico transgeneracional tiene consecuencias sanadoras no sólo para el paciente sino también para el ancestro involucrado. La vida del ancestro que se manifestó desde el silencio en el descendiente retorna al presente; al dársele voz se resuelve el conflicto y desaparecen los reflejos patológicos en el descendiente. Esto es posible porque pasado, presente y futuro son tres realidades simultáneas. Los ancestros y sus descendientes están vinculados aunque se encuentren en dimensiones y tiempos diferentes. Los diferentes planos y formas de existencia material y espiritual coexisten en el presente, en el aquí y ahora.
Cuando un descendiente entiende y acepta sin juicios lo que sucedió al ancestro, cuando capta la complejidad de su vida en su contexto, el conflicto se desvanece y cesan las repeticiones. Lo que mantuvo al conflicto sin resolverse fue el ocultamiento, el secreto. La revelación del secreto rompe las cadenas de repeticiones transgeneracionales.

Si quieres encontrar los secretos del universo, piensa en términos de energía, frecuencia y vibración.
Nikola TeslaAmor y miedo son estados energéticos que se distinguen por sus propiedades particulares y por los efectos disímiles que generan. El amor es el aglutinante del Todo, el lazo que restablece la unidad; la expresión de la afinidad con el Todo. La esencia del amor es armonía que se refleja en unificación. El miedo dispersa, desintegra la posibilidad de alcanzar un orden, genera caos tanto en el ámbito individual como colectivo. El miedo es la no-aceptación del yo de ser parte de la totalidad causando la falsa idea de separación; este rechazo crea caos interno y confusión propiciadores de enfermedades. La ambición de control y dominio es reflejo del miedo.
La humanidad es adicta al miedo: miedo a no ser aceptado, a las pérdidas, a la enfermedad, a no controlar las circunstancias imprevisibles de la existencia, y el mayor miedo, el que subyace bajo todos los demás: miedo a la muerte. La mente racional entiende y acepta lo que puede comprobar, aunque la comprobación consista únicamente en principios matemáticos y físicos. En la medida en que el individuo adquiere mayor racionalidad disminuye su capacidad de integrar vida y muerte. Se produce una fragmentación de la conciencia, se pierde la capacidad de unificar: la mente dualista se convierte en dominante. La supremacía de la racionalidad fragmentadora conduce al individuo a vivir dividido entre los saberes atemporales del alma permanentes en la conciencia humana y el conocimiento racional. Esta incongruencia se traduce en incertidumbre y miedo. El miedo a la muerte desaparece cuando se acepta que no existe división entre los diversos aspectos de la existencia (1).La división entre vida y muerte proviene de la visión fragmentada que nos conduce a dividir a todo de todo (2).Nada puede morir: el Todo que es inherente a la vida es eterno e infinito.

El concepto mente desplazó en Occidente al concepto alma a partir de la Ilustración del siglo XVIII, relegándose su uso al ámbito cada vez más reducido y enjuiciado de la espiritualidad. La mente se convirtió en protagonista de la realidad humana: Pienso, luego existo (Je pense, donc je suis) sostuvo Descartes. A partir de entonces las personas consideradas cultas fueron aquellas centradas en la razón cartesiana, considerándose incultos y supersticiosos quienes dieron continuidad a los saberes eternos. Las religiones occidentales sólo empeoraron esta fragmentación con doctrinas antropomórficas maniqueístas sobre el Ser Infinito. Estas doctrinas estructuradas sobre la base de las dualidades bueno/malo, premio/castigo, ganar/perder, vida/muerte, cielo/infierno, son punta de lanza para el control de masas a través del miedo.
El alma es una forma de energía desconocida, aunque cada vez es mayor el acercamiento entre el lenguaje de la física cuántica y el de la espiritualidad. El concepto que más se aproxima a alma es el de campo: las almas son principios organizadores invisibles e inmateriales. Los campos —especialmente los campos mórficos— son principios organizadores invisibles, inmateriales que realizan la mayor parte de las acciones que se suponía que realizaban las almas (3). Los campos mórficos contienen memoria acumulativa.
Periódicamente se crea pánico colectivo a través de guerras y estados energéticos caóticos provocados por las jerarquías dominantes. Pasado el clímax de terror mantienen el suministro constante de confusión. Los medios de comunicación, las redes sociales, los videojuegos, son herramientas diseñadas para gestar caos mental, incongruencia, confusión, inseguridad, miedo que se traducen en conductas de autoviolencia/violencia que reflejan a nivel individual y colectivo la destructividad del sistema mundial. Las epidemias y las catástrofes naturales —consecuencias de la energía de discordia y destructividad de la humanidad— potencian estos estados emocionales de desintegración. Pero no somos víctimas, sino cómplices de este estado de cosas debido a la ignorancia espiritual y a los hábitos egocéntricos. Las cadenas de violencia individual y colectiva de las que cada persona es eslabón mientras no unifica el yo y el otro en el Todo, inician en el miedo. El amor es una poderosa energía de equilibrio e integración que nos une al ejército de luz, paz y amor de todas las dimensiones también llamadas cielos.
Estos estados caóticos son energéticamente afines a entidades usualmente invisibles para los sentidos humanos, pero no pasan desapercibidas para los animales. Sus particularidades, propiedades y funcionamiento forman parte del conocimiento guardado por la sabiduría perenne y expuesto en fuentes como el Zohar, los Vedas, textos budistas y la Biblia, entre otras. Estas entidades están ligadas de formas sutiles —y a veces no tan sutiles— a las jerarquías dominantes. Todas comparten un mismo propósito: sostener el estado de desintegración energética (miedo) en el planeta. En algunas ocasiones están ensambladas en cuerpos humanos y animales, en otras no se incorporan a éstos pero los manipulan a través de vibraciones; en todos los casos generan desarmonía.
Las emociones animales y las humanas producen estados energéticos similares entre sí. La agonía animal pasa desapercibida por la mayor parte de la humanidad. La semejanza entre la sangre humana y la sangre animal, así como la similitud entre las vibraciones producidas por el sufrimiento animal y humano, fueron razones por la que los sacrificios rituales humanos comunes en diversas sociedades fueran sustituidos por sacrificios animales. Los sacrificios de animales están en la actualidad masivamente presentes no sólo en rituales religiosos y tradiciones populares, sino en la industria mundial de procesamiento de carne. Están ampliamente documentadas las atrocidades a las que son sometidos los animales independientemente de la tecnología aplicada en las matanzas. El sufrimiento animal es similar en todos los mataderos del mundo, sean éstos de tipo artesanal, de tipo industrial con empleo de sofisticada tecnología o aquéllos bajo estrictas reglamentaciones kosher o halal.
A las anteriores formas de derramamiento de sangre y creación de sufrimiento y pánico se agregan las matanzas humanas provocadas por los intereses políticos, económicos y religiosos de la élite en el poder. Estas élites provocan sacrificios aún más masivos que los perpetrados por sociedades antiguas al servicio de las entidades rectoras de sus cosmovisiones. El estado energético que producen el sufrimiento humano y animal consolida la presencia de entidades organizadas, conocidas como vigilantes, voladores, asuras, demonios, espíritus inmundos, entre otras: Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes (4).

El estado de caos en que vivimos no es aleatorio, es constante y es parte de un plan maestro del que somos cómplices y víctimas simultáneamente. Cómplices por la codicia y el odio que caracterizan a las emociones humanas y víctimas porque estos mismos efectos retornan como búmeran contra quienes los producen. Se recibe lo que se da: dar y recibir son unívocos, están mutuamente implicados. La humanidad está atrapada en las vibraciones de sus propios pensamientos y sentimientos que son fruto de la ignorancia espiritual potenciada por la élite dominante a través de sus instituciones sociales, políticas, económicas, religiosas. No somos víctimas: el mundo es un espejo; la ley de causa-efecto que rige a la materia y al espíritu va más allá de nuestra comprensión y voluntad.
Así como el espíritu no está limitado al cuerpo, la mente no se localiza en el cerebro, no es propiedad del individuo sino un océano de energía compartido con toda la creación. La sabiduría perenne traducida en conocimiento cuántico pone de manifiesto que los diversos aspectos de la existencia no están divididos entre sí. La mente y la materia no son sustancias separadas sino aspectos diferentes de un movimiento integral e ininterrumpido (5). La teoría del orden implicado de David Bohm manifiesta que lo que en apariencia es un mundo de objetos y eventos separados y aislados es en realidad un mundo donde todo está replegado en una totalidad, en una unidad que no es posible fragmentar.
El conocimiento sobre el todo continuo al que David Bohm llamó Totalidad no dividida en movimiento fluyente (6)está presente en los saberes ocultos resguardados en libros sagrados, símbolos, leyendas y mitos de todas las naciones. Por ejemplo, la metáfora de la Red de Indra escrita en los Puranas hace aproximadamente 3 mil años, describe la interpenetración e interdependencia entre las partes de la totalidad: una telaraña multidimensional sostiene gotas de agua que se reflejan entre sí: cada gota es reflejada en todas las demás y a su vez recibe el reflejo de la miríada de gotas, produciéndose un intercambio infinito.
Rupert Sheldrake explicó por medio del modelo del campo mórfico los fenómenos de captación de información asociados a la intuición y a la telepatía. Los campos mórficos subyacen en nuestra actividad mental y en nuestras percepciones. Los campos mórficos de los grupos sociales conectan a los miembros del grupo incluso cuando están a muchos kilómetros de distancia, y proporcionan canales de comunicación a través de los cuales los organismos pueden mantenerse en contacto a cierta distancia, por lo tanto, ayudan a proporcionar una explicación para la telepatía. La telepatía es normal, no paranormal, natural no sobrenatural, y es común entre las personas (7).
El Big Bang, teoría cosmológica que intenta describir el punto inicial en que fueron creados de la nada la materia, el espacio y el tiempo, tuvo lugar hace unos 13 mil 800 millones de años. Esta Nada también denominada Ein Sof, Hu, Tao, que se hizo manifiesta después del Big Bang no es un ser, ya que, siendo autocontenida y autosuficiente no puede ser limitada por la existencia que limita a los seres. Si lo llamamos Ser Infinito debemos aceptar que no posee ninguna cualidad, porque cualquier cualidad que le otorgáramos estaría limitada por la finitud. El Ser Infinito sostiene a toda la creación con sus emanaciones infinitas (8). Estas emanaciones infinitas mantienen unidas a todas las partículas del mismo modo que lo estuvieron en el momento inicial de la creación del universo. La distinción entre el pasado, el presente y el futuro es solamente una ilusión (AlbertEinstein). El antes y el después no es una cualidad del mundo que percibimos, sino que pertenece a la mente perceptiva que… se ve incapaz de registrar nada de lo que se le ofrece si no es este esquema espacio-temporal (Erwin Schrödinger). La Nada es el Todo.

Sufrimos un acoso permanente por parte de poderes diversos —humanos y no-humanos— sin darnos cuenta que es el miedo causado por la conciencia fragmentada el que nos mantiene sometidos. El problema a resolver está en uno mismo. Cuando despertamos a esta realidad nos damos cuenta que no somos marionetas en manos de un poder sin rostro, sino manifestaciones del Ser Infinito con la posibilidad de generar cambios personales y en el entorno que se reflejarán más allá de lo que seamos capaces de imaginar. El universo es un complicado tejido de sucesos en el cual alternan, se superponen o se combinan conexiones de diferentes clases, que al hacerlo así determinan la textura del todo (Werner Heisenberg). Amar es la clave para romper el cautiverio del miedo, pero para despertar la capacidad de amar es necesario reparar la conciencia fragmentada. No debe confundirse el concepto de amar con pensamientos de posesión. Amar no consiste en depositar un sentimiento en algo finito, sino en la unión consciente con el infinito en el Todo.
No es difícil salir de este laberinto de espejos en que nos encontramos. Para ello es necesario prestar plena atención al hábito del pensamiento fragmentado… para ponerle fin. Entonces el acercamiento de la persona a la realidad será integrador, lo mismo que su respuesta (9). Si entendemos que nuestro poder radica en la unión, en la integración, haremos estallar la burbuja del miedo sostenida por la visión fragmentada. La interconexión y la interdependencia son herramientas que permiten al individuo producir orden (amor) para sí mismo, para su entorno y el universo, sin salir de su casa. El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo (10).

Ser conscientes que estamos inmersos en un sistema en que las partes se influencian mutuamente nos permite escoger la forma coherente de participación en el Todo, convencidos que la manera en que vivimos la vida diaria, aún en sus momentos más insignificantes, impacta a la totalidad. La energía del pensamiento y de los sentimientos produce cambios en el campo que conecta a toda la creación. Un cambio que se produzca en un lugar repercutirá en todas partes. Liberarnos de la falsa creencia de ser individuos separados, ajenos unos a los otros, nos permitirá recobrar nuestra inteligencia integral y entonces podremos entender que todo es Uno. Esta visión integradora en que el sujeto se reconozca a sí mismo y al otro como participantes del Ser Infinito producirá resonancias infinitas y eternas como infinito y eterno es el ser que somos.
(1) David Bohm Wholeness and the Implicate Order p 14, Routledge Classics New York 2002
(2) David Bohm op cit p 36
(3) Rupert Sheldrake Resonancia Mórfica y Campos Mórficos https://www.sheldrake.org/espanol/resonancia-morfica-y-campos-morficos-una-introduccion
(4) Efesios 6:12 Reina-Valera 1960
(5) David Bohm op cit, p 88
(6) David Bohm id p 190
(7) Rupert Sheldrake op cit
(8) Aryeh Kaplan Sepher Yetzirah academia.edu PDF, p 57
(9) David Bohm op cit p 30 (10) Proverbio chino y paradigma cuántico
La palabra Abba, Padre, evoca la unidad de la criatura con el Creador: Ab, es decir, la unión de los dos universos, hace referencia en hebreo a la palabra ‘Padre’, y solamente accederemos al ‘Padre’ por la unión de la Alef (el universo de la Eternidad) y la Bet (el universo de la fragmentación o espacio-temporal) (1). Este proceso no consiste en unir arbitrariamente dos entidades distintas, sino en comprender e integrar en la vida cotidiana la unidad de lo eterno y lo temporal. Podemos suponer que cuando Yeshua de Nazaret llamó Abba, Padre, al Creador, no se refirió a una filiación padre-hijo excluyente del resto de la humanidad, sino a la unidad de lo eterno y lo temporal existente en la creación. La denominación Hijo de Dios incluye a toda persona: Mirad qué gran amor ha dado a nosotros el Padre, para que hijos de Dios seamos llamados y somos (2).

En el nivel de conciencia dualista, donde la persona entiende su vida como un Yo inserto en el universo fragmentado frente al Todo incomprensible, interpreta su inclusión en la unidad como la disolución de su individualidad, lo que le produce angustia y miedo. En el nivel de conciencia en que la persona se identifica con la unidad, conocer la integración del Yo en el Todo le crea sentimientos de expansión y paz, en la certeza que la vida mortal física es sólo manifestación de la conciencia eterna e infinita. Quien acceda a esta unificación contemplará la fusión de lo infinito y eterno en las manifestaciones temporales y declarará, como Jesús, Yo soy el Todo (3).
Cuando hiciéreis el dos Uno, lo interior como lo exterior, lo exterior como lo interior, lo superior como lo inferior… entonces entraréis en el Reino, dijo Jesús según está registrado en el Evangelio de Tomás (4).Este estado unificado de conciencia fue llamado mente de Cristo por San Pablo(5), condición en la que se percibe la dimensión espacio-temporal como faceta de la Eternidad y se entiende que todo lo existente es gestado en la misma matriz.

No existe nada exterior o ajeno a la unidad comúnmente llamada Dios: el Uno divino está presente en cada partícula existente (6). La profesión de fe islámica, Shahada, consiste en la afirmación La ilaha illa Allah: no existe un Dios sino Unidad, Allah, que se manifiesta con noventa y nueve nombres o propiedades, siendo el primer nombre Rahman, uno de cuyos significados es matriz, otro es misericordia. Cada criatura expresa una determinada combinación única de los Nombres de Allah, lo que crea la multiplicidad en la unidad. El potencial cuántico… conocido en Sufismo como ‘la dimensión de los Nombres’, es el potencial del que nacen las manifestaciones infinitas (7).
La modificación de la visión fragmentada transforma necesariamente la manera de pensar y actuar. Las motivaciones y la energía de los hábitos dejan de estar circunscritas a la búsqueda de satisfacción del yo movido por la tríada aceptación/seguridad/control, absorto en sí mismo. Este apego es remplazado por el estado mental de interconexión que abraza una certeza: Yo y el Padre unidad somos (8). A partir de la corrección del pensamiento se expande la responsabilidad antes ligada exclusivamente al pequeño-yo y lo mío, hacia un vasto Yo que reconoce que El Universo tiene una sola sustancia (9). Esta nueva identidad se fundamenta en la mente de Cristo.
Cristo es Dios, y Jesús es la manifestación histórica, en el tiempo, de Cristo. … El Misterio de Cristo unge toda la materia física con un propósito eterno desde el principio. …Dios ama las cosas convirtiéndose en ellas mismas. …Jesús es el arquetipo humano semejante a nosotros, quien nos mostró lo que es ser Humano Completo… Jesús vino a enseñarnos cómo ser humanos más que a enseñarnos cómo ser espirituales, señala el fraile franciscano Richard Rohr (10).
Cada ser humano posee una chispa del Mesías, del Cristo, una luz divina, un rayo, una imagen de la naturaleza divina impresa en el alma (11) que al activarla le hace copartícipe del cambio universal conocido como la llegada del Massiah, del Mahdi, la segunda venida de Cristo, apelativos hebreo, islámico y cristiano respectivamente, usados para denominar al proyecto de unificación de la creación. Jesús se refirió a la presencia de esta chispa cuando dijo a la multitud: Vosotros sois la luz del mundo (12) asumiendo que él mismo era también luz del mundo (13).
El esperado Mahdi (el salvador) es la iluminación que ocurre con este conocimiento —de la Unidad—: si tú aprehendes este conocimiento entonces tu Mahdi ha llegado, de otro modo morirás sin ver al Mahdi. Si tú estás en esta conciencia y estás viviendo esta realidad, entonces el Mahdi te ha alcanzado (14).
La persona transformada por este conocimiento contempla la Tierra y los mundos visibles e invisibles como un espacio sagrado. Cuando Moisés pastoreaba en el desierto las ovejas de su suegro Jetro, se le apareció el ángel de Yahweh en una llama de fuego, en medio de una zarza. Y él vio que ardía fuego en la zarza, pero la zarza no se consumía. … Dios lo llamó de en medio de la zarza, y dijo …Quita las sandalias de tus pies, porque el lugar donde tú estás es lugar santo (15).Esta narración indica que la persona consciente de la unión de los dos universos, el espacio-temporal y el eterno, Ab, ha accedido a Abba, al Padre.
Jesús se identificó plenamente con el Padre. Identificarse significa reconocerse como semejante y compartir los mismos propósitos. Identificarse significa amar. En la sinagoga de Nazaret manifestó su identificación retomando palabras del profeta Isaías: El Espíritu de Yahweh está sobre mí. Por eso me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres, y me ha enviado para restaurar a los quebrantados de corazón, para proclamar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, para fortalecer con el perdón a los quebrantados, y para proclamar el año agradable de Yahweh… Hoy se ha cumplido esta Escritura que han oído (16). Quien tiene la vista fija en ser amor no se pierde, no se distrae y es transformado en el Amado: Dios es Amor (17). El Espíritu del Amado une en amor a lo desunido por la ignorancia del desamor, desata a los cautivos perdidos en los abismos espirituales, libera a los oprimidos.
Yo te glorifiqué en la Tierra. … Tu Nombre he manifestado. …para que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado, como también a mí me has amado (18). Jesús remarcó la igualdad ante el Padre: no estableció diferencia alguna entre el amor del Padre hacia él y hacia el resto de la humanidad. Cuando sus discípulos le pidieron que los enseñara a orar, les entregó la oración judía conocida como Padrenuestro —que integra la liturgia del Día del Perdón (Yom Kipur)— remarcando el vínculo con el Padre común YHVH, la unidad viviente. Por medio de esta oración se activa la intención amorosa del orante de unir el cielo y la tierra, el fragmento —la pieza suelta del rompecabezas—con el Todo, lo temporal con lo eterno, modificando la visión fragmentada.

Bahá’u’llah describió el amor a Allah como comunicación, comunión: ¡Oh Hijo del Ser! Ámame para que te ame, si tú no Me amas, Mi amor jamás podrá alcanzarte (19). Amar integra, unifica, despierta de la ensoñación dualista: amada en el Amado transformada, escribió Juan de la Cruz (20). El amor une, disuelve en unidad, anula la falsa dualidad tú/yo, este/aquel, sagrado/profano. Desaparece la visión de un Dios externo, creándose el estado de conciencia de Jesús, la mente de Cristo.
Somos presencia manifiesta del Padre, unidad eterna, hijos e hijas del Dios Viviente (21) del Padre de los Espíritus (22) en cuya presencia vivimos, nos movemos y existimos (23). Cuando se modifica la visión fragmentada y se comprenden la interconexión y la interdependencia se adquiere humildad. La humildad produce un tipo de inteligencia ajena al orgullo y la vanidad; un conocimiento que libera del cautiverio de la materia. De estos cautivos se alimentan las religiones dualistas, los reyes y las reinas, los poderosos y los gobernantes de todas las naciones.
El campo de batalla de Kurukshetra, donde se sitúa el diálogo entre Krishna y Arjuna registrado en el Bhagavad Gita, simboliza la guerra permanente entre los principios de unificación/fragmentación que generan respectivamente comportamientos de amor/desamor y sus efectos colaterales de alegría/paz, o desolación/ansiedad. Cada ser humano tiene la libertad de escoger el principio al que desea servir. Las consecuencias de esta elección resuenan más allá de sus actos y de su existencia particular: repercuten en su relación con la unidad llamada Padre, Yavé, Allah, Brahman, Ahura Mazda, Wakan Tanka, Hunab Ku, Ometeotl, Gran Espíritu, según diversas tradiciones. Esta es la enseñanza perenne de quienes caminan incesantemente en todas las naciones con los pies en la Tierra y la cabeza en el Cielo, reiterando la llamada a despertar del largo sueño de la dualidad.
Si alguna mujer, si algún hombre entiende, acepta y aplica su atributo de ser imagen y semejanza (24) del Viviente, hija e hijo de Dios, vencerá la incertidumbre que genera la aparente dualidad cuerpo/espíritu; con este entendimiento del corazón —la razón es insuficiente para lograrlo— saldrá del pozo de la desesperación (25) y entenderá el significado del Salmo 82,6: ustedes son dioses…todos son hijos del Altísimo (26). Podrá asimismo responder a la pregunta de Jesús: ¿cómo pueden ustedes decir que los he ofendido porque dije que soy Hijo de Dios? (27) y entender su asombro cuando preguntó a Felipe ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? (28). Podrá también responder a la más acuciante de las preguntas humanas: ¿quién soy?

(1) Mario Javier Saban La Cábala La psicología del misticismo judío p.232, Kairós Barcelona 2016
(2) 1Juan 3,1 Nuevo Testamento interlineal griego-español SBU, 2012
(3) Evangelio de Tomás Logion 77,3 Ediciones Índigo, Barcelona 1992
(4) Evangelio de Tomás 22,9-12.21 id
(5) 1Corintios 2,16 Biblia Dios habla hoy, SBU 1994
(6) Ahmed Hulusi The Observing One Ahmed Hulusi 2012, p 26.
(7) Ahmed Hulusi id, p 8
(8) Juan 10,31 Nuevo Testamento interlineal griego-español op cit
(9) Nicola Tesla Todo es luz https://youtu.be/BH9kMRukmRQ
(10) Richard Rohr The Universal Christ, Convergent Books 2019; pp 19,20,23
(11) Meister Eckhart, Vir meus servus tuus, Sermon on 2 Kings 4:1ff, In Richard Rohr’s Daily Meditation Spark of the Divine, CAC 7.8.2020
(12) Mateo 5,14 Nuevo Testamento interlineal griego-español op cit
(13) Juan 8,12 id
(14) Ahmed Hulusi Expanding the Essence of Prayer https://youtu.be/yhMUEhUe5UQ
(15) Éxodo 3,2.4.5 Biblia Peshitta en Español,Traducción de los Antiguos Manuscritos Arameos Instituto Cultural Alef y Tau 2006
(16) Lucas 4,18.19.21 Biblia Dios habla hoy op cit
(17) 1Juan 4,8 id
(18) Juan 17,4.6.23 ibid
(19) Bahá’u’llah Las Palabras Ocultas 1,5 Asamblea Bahá’i, México 2004
(20) San Juan de la Cruz Obras Completas p 536 Editorial Monte Carmelo, Burgos 2003
(21) Josué 3,10 Biblia Dios habla hoy op cit
(22) Hebreos 12,9 id
(23) Hechos 17,26 ibid
(24) Génesis 1,26 ibid
(25) Salmo 40,2 Biblia Reina Valera SBU 1960
(26) Salmo 82,6 Biblia Dios habla hoy op cit
(27) Juan 10,36 id
(28) Juan 14,10 ibid
Domination of women revolves around the triad fear/guilt/modesty. As a result of fear, guilt, and modesty we have taught our daughters and sons that the sole mission of women is to procreate. We have even come to believe that to love means to take care of our offspring and deny ourselves to the point of abandonment. Procreating is not the only mission of women, although we can use that great power to transform the mentalities that keep us subjugated.

The role of the mother is essential in the formation and transmission of beliefs systems (values, attitudes, conducts) and more specifically in the belief system in which the violence against women are grounded. Procreation and education of children is a trap if generation after generation mothers continue to pass on the false idea of men superiority over women. These ancestral chains of ignorance has produced egocentric men and devalued women.
The values that guide a person’s actions stem from deep hidden roots in human history. Each person drags intergenerational chains that generate repeated emotional patterns generation after generation. To understand these roots, we will succinctly review some myths that are an expression of the millennial belief system —still in force— that manifests itself in violence perpetrated against women.

Originally, the Latin term violare referred to the desecration of the sacred, and later accounted for the desecration of the woman’s body as a res (thing) owned by a man. The crime of rape was not linked to women, but to the profanation of women as the property of a man. Thus, the victim was the man, not the woman.
Approximately five thousand years ago, in the third millennium BC, Aryan invaders progressively conquered India, the Middle East, and Europe by imposing their belief system on highly culturally developed populations. These beliefs considered men as superior beings and women as their property used for sexual pleasure, biological reproduction, and to take care of offspring and men themselves. Along with their social norms, the Aryan invaders imposed their cosmogony based on the concept of warrior gods such as Varuna, Indra, Krishna, Zeus, Yahweh by displacing the original cosmogony of the conquered peoples centered on goddesses such as Astarte, Neith, Isis, Parvati, Rhea, Demeter, Asherah.
These nomadic warrior groups, sun worshipers, like the warriors of the mythical Chichimec tribes from Aztlan who invaded North America, considered the solar principle as a universal and unitary wholeness around which they organized their lives. The power of the man was total, while the woman was reduced to domestic life. Men occupied the positions of priests, warriors, kings, and heads of families, reflecting their power in all sectors of religious, political, economic and social life.
Warrior gods and their totalizing principles fused with the indigenous goddesses of conquered territories, creating the syncretism common to the transformation of mentalities. The conquest of territories was done quickly with weapons and death; however, subjugation of minds was a progressive process of crumbling the archaic wisdom shared between goddesses and humans. In that fashion, the multiple, shifting, lunar/solar/venusian wisdom, based on the feminine/masculine cosmic principle, was excluded and replaced by the masculine, mutually exclusive, solar vision.

In this process of transculturation of gynocentric beliefs that did not exclude the masculine, to androcentric beliefs that excluded the feminine, myths were originated around the rape of the ancient goddesses by the victorious gods. The raped goddesses weakened their power in favor of the violating gods. For example, Zeus the main deity of the new Aryan pantheon, syncretized with the ancient Zaminoic, raped his own mother Rhea goddess and lady of Mount Ida. Zeus chased her, she metamorphosed into a snake; he imitated her and by capturing Rhea with the so-called Heraclitan knot, consumed the violation.
Persephone, daughter of the great civilizing goddess Demeter, to whom were dedicated the Eleusinian Mysteries related to Dionysus and the Orphic cults, anathematized by the conquerors, was abducted and raped by Hades (Pluto) her paternal uncle. When
Hades saw the young and beautiful Persephone, he desired and kidnapped her (1).
In despair Demeter searched for her daughter all over the earth, from morning till the end of the day until she found out
that Hades had kidnapped and raped Persephone. Demeter, goddess of life, who had taught humankind agriculture and eschatological knowledge, presented herself deprived of all power before the formerly lowly Zeus, father of Persephone, imploring for help to rescue her daughter. Zeus answered that he did not find any disgrace in having Hades as son in law. Demeter insisted and Zeus ordered his brother for Persephone to live with him half of the year in the underworld, and the other half with her mother Demeter on earth.
The myths of the pre-Aryan goddesses being raped by the Aryan warrior gods were intended to belittle the power of the great goddesses. The authors of the Greek tragedies disseminate the new patriarchal norms in didactic plays that revolved around two main contents: the submission of the goddesses to the gods, and the submission of the woman to the man. Goddesses and women were reduced to their sexuality, a sexuality devoid of power.
Women can also be submitted by rape, as Ovid didactically proposed in Metamorphoses. Philomela, virgin daughter of the King of Athens was raped by her brother in law Tereus, King of Thrace and husband to her sister Progne. Tereus was dazzled by the splendid beauty of Philomela who —Ovid tells us— caused in his heart violent fire. Tereus is presented by Ovid as a victim of Philomela’s beauty since —according to misogynous beliefs— he was incapable of controlling his instincts and therefore absolved of all guilt. Tereus confined Philomela to his palace and raped her. She implored her father and sister for help… in vain she called the gods to help her. In vain she called the warrior gods, who were themselves also rapists. Then, Philomela accused Tereus of having desecrated that which is most sacred for a woman: her virginity.
Tereus married Philomela to repair the damage caused to her owner, his father in law, the King of Athens. Philomela then declared: After my disgrace I found myself as rival of the unfortunate Progne, and you as husband of both of us… if sometime I find myself in liberty, my modesty will not prevent me to divulge your cruelty.
Philomena’s threat implied multiple transgressions: she threatened to act with no modesty by breaking the silence; she violated the statu quo that regarded a woman as an object, and also broke the established order by considering herself aggrieved when she was not even regarded as a person. Even as being considered as Tereus’ property, Philomena did not comply with the obligation required by law and customs demanding total submission of a woman to their owners. When she was raped, the only victim was her father the King of Athens, her owner, and who had a previous agreement with Tereus. As Ovid continues to narrate in his didactic drama These reproaches inflamed Tereus, he drew his sword and cut the tongue of Philomela, who fell on the ground like a snake’s tail. After mutilating the transgressor, he still satisfied his brutal passion a hundred times.
The belief system underlying Tereus’ behaviors, as well as those of his father in law, the King of Athens, Zeus, and Hades are based on the discrimination of women and the perception of men as owners of creation. This belief system is still in force and produces the devaluation of the women and the feminine, and a hyper valuation of men and the masculine. As a result, systematic abuse of women culminates in statistically alarming rates of rapes and femicides in countries like Mexico, and more lower rates in countries with a more punitive legislation and lower corruption rates.
Legislations have changed, but changing mentalities is slow and costly. Costly to women who continue to become victims of rape and femicide.
In societies with higher rates of rape and femicide men learn right from their childhood an exhaustive list of discriminatory practices against women. Several harmful theories have emerged from these toxic beliefs such as the penisneid (penis envy) theory of Sigmund Freud. In his theory Freud believed to have encompassed and understood the deep psychology of women by fancying that the male genital apparatus was enough to account for the sexual economy of both sexes.
The denial of women’s capabilities, by their own and by the dominant male culture, has traditionally kept them isolated and suspicious of each other, with no possibility of organizing and reclaiming their own rights.
Male domination policies based on the pillars of fear/guilt/ modesty preclude women from even imagining the profound change they can generate in humanity as a nurturer of knowledge and educator of mentalities.

By force of fear, guilt and modesty women forget themselves and interpret their biological greatness as a disadvantage generating feelings of inferiority with respect to men. As a result, women become guardians of their own control policies.
Women that have awakened to the unified consciousness recognize that the planet is shared by two equally and necessary kind of anatomically different humans, beside other animal species and fabulous vegetal and mineral worlds. As women, we have no conflict in accepting the differences between man and woman because our own bodies are capable of forming these beings, different in shape but of the same essence. We have never intended to slave men for being different, neither have we harbored feelings of anger, death, or wished to subdue them. Instead, we demand to equally share the Earth with all created beings. We reject any false belief regarding the inferiority of women and superiority of men, knowing that the great values of humankind are not attributes limited to men. We know that a dominating warrior-man is not a model of perfection and that God is not a male entity. We have the opportunity and the obligation to transmit this message to end the millenary struggle of one part of humanity trying to subdue the other part.
Mothers and fathers with a unified consciousness will transmit to their sons and daughters the power of love, the power of interconnectedness and interdependence of all beings. They will not raise arrogant sons and daughters humiliated by lovelessness, the equivalent to first and second class citizens. Instead they will bring up men and women who can harmoniously live together by serving and respecting each others differences.
(1)Ovid, The Metamorphoses, 8 BCE. The sources of Ovid were Herodotus, Apolodorus, Hesiod and the classical Greek playwrights.
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El violador y el feminicida no son locos, sino expresión de un sistema de creencias que considera a las mujeres como seres inferiores disponibles para el uso y abuso de los hombres.
Durante milenios las mujeres hemos sido y somos agredidas. Una lista interminable de modos de agresión ha mantenido a las mujeres calladas: nos han matado y nos matan, nos han violado y nos violan, nos han cortado la lengua, también nos han cortado las orejas y la nariz. Un poder oscuro que nosotras mismas hemos parido, sostenido, alimentado, nos ha maltratado y nos maltrata.

La dominación de las mujeres gira alrededor de la tríada miedo/culpa/pudor. Como fruto del miedo, de la culpa y del pudor nos hemos creído y enseñamos a nuestras hijas e hijos que la misión de las mujeres es procrear. Hasta nos creímos que amar consiste en cuidar a nuestra prole y negarnos a nosotras mismas hasta morir de desamparo. Pero procrear no es la única misión de las mujeres, aunque podemos usar este gran poder para transformar las mentalidades que nos mantienen subyugadas.
El papel de la madre es fundamental en la transmisión del sistema de creencias (valores, actitudes, conductas) en general y de modo particular en la transmisión de las creencias en que se fundamenta la violencia contra las mujeres. La procreación y la educación de las hijas(os) es una trampa para las madres si continúan transmitiendo generación tras generación la falsa idea de la superioridad de los hombres sobre las mujeres. La transmisión de estas cadenas ancestrales de ignorancia produce hombres egocéntricos y mujeres desvalorizadas.

Los valores que dirigen las acciones de una persona provienen de profundas raíces ocultas en la historia de la humanidad. Cada persona arrastra cadenas intergeneracionales que generan pautas emocionales repetidas generación tras generación. Para comprender estas raíces revisaremos sucintamente algunos mitos que son expresión del sistema de creencias milenario aún vigente que se manifiesta en la violencia perpetrada contra las mujeres.
En su origen, el término latino violare se relacionó con la profanación de lo sagrado y posteriormente dio cuenta de la profanación del cuerpo de la mujer en su calidad de res (cosa) propiedad de un hombre. El delito de violación no estaba vinculado a la mujer, sino a la profanación de la mujer como propiedad de un hombre. El agraviado era de este modo el hombre y no la mujer.
Hace aproximadamente cinco mil años, en el tercer milenio aC, invasores arios conquistaron progresivamente la India, el Medio Oriente y Europa imponiendo su sistema de creencias a poblaciones de alto desarrollo cultural. Su sistema de creencias consideraba al hombre como ser superior y a la mujer como su propiedad utilizada para su placer sexual, para la reproducción biológica y para el cuidado de la prole y de los hombres. Impusieron junto con sus normas sociales sus cosmogonías de dioses guerreros como Varuna, Indra, Krishna, Zeus, Yavé, desplazando con ellos las cosmogonías de los pueblos conquistados centradas en diosas como Astarté, Neth, Isis, Parvati, Rea, Demeter, Asera.
Estos grupos nómadas guerreros adoradores del sol como los guerreros de las tribus chichimecas míticamente provenientes de Aztlan que invadieron América del Norte, consideraban al principio solar como unitario y totalizador, y alrededor de esta visión unitaria y totalizadora organizaron sus vidas. El poder del hombre era total, la mujer quedó reducida a la vida doméstica mientras ellos ocuparon las posiciones de sacerdotes, guerreros, reyes, jefes de familias, reflejando su poderío en todos los sectores de la vida religiosa, política, económica y social.
Estos dioses guerreros y sus principios totalizadores se amalgamaron con las diosas autóctonas de los territorios conquistados, creándose los sincretismos comunes a todos los procesos de transformación de mentalidades. La conquista de territorios y pueblos fue rápida, hecha con armas y muerte. El avasallamiento de las mentalidades fue un proceso progresivo de desmoronamiento de la arcaica sabiduría compartida entre diosas y humanos. Esta sabiduría múltiple, cambiante, lunar/solar/venusina, basada en el principio cósmico femenino/masculino fue desplazada por la visión solar, masculina, excluyente de lo femenino.

En este proceso de transculturación de creencias de tendencia ginocéntricas pero no excluyentes de lo masculino a creencias androcéntricas excluyentes de lo femenino, surgen mitos acerca de violaciones de las antiguas diosas por parte de los dioses victoriosos. Las diosas violadas declinan su poder a favor de los dioses violadores. Zeus, la principal deidad del nuevo panteón ario aqueo, sincretizado con el antiguo Zaminoico cretense hijo de la diosa Rea, Dama del Monte Ida, violó a su madre la gran diosa Rea: Zeus la persiguió, ella se metamorfoseó en serpiente, él la imitó, la apresó con el llamado nudo de Heracles y consumó la violación.
Perséfone, hija de la gran diosa civilizatoria Demeter, a quien estaban dedicados los Misterios de Eleusis vinculados con Dionisos y los cultos órficos anatemizados por los conquistadores, fue violada por Hades (Plutón) su tío paterno. Cuando Hades vio a ‘la joven y bella Perséfone, la amó y la robó’ (Ovidio, Las metamorfosis, 8 AC., las fuentes de Ovidio fueron Herodoto, Apolodoro, Hesíodo y los dramaturgos griegos clásicos). Demeter buscó desesperada a su hija ‘por mar y tierra. Desde que amanecía hasta que terminaba el día’ hasta que logró saber que Hades la violó y la raptó. Demeter, diosa de la vida que enseñó la agricultura a la humanidad y le entregó misterios escatológicos, funerarios, cósmicos y agrarios acudió desprovista de todo poder al otrora pequeño Zeus, padre de Perséfone, llamándolo Soberano de los dioses, para pedirle su ayuda para rescatar a Perséfone. Zeus, le respondió ‘yo no encuentro ninguna afrenta en tener a Hades (Plutón) por yerno’. La gran diosa Demeter suplicó a Zeus que la ayudara, entonces ordenó a su hermano Hades que Perséfone viviera la mitad del año con él en el inframundo y la otra mitad con su madre Demeter.
Los mitos de las violaciones de las diosas prearias por los dioses guerreros arios tuvieron como propósito desvalorizar el poderío de las diosas. Los autores de las tragedias griegas difundieron las nuevas normas patriarcales en obras teatrales didácticas que giran alrededor de dos contenidos: la sumisión de la diosa al dios y la sumisión de la mujer al hombre. Las diosas y las mujeres son reducidas a su sexualidad, una sexualidad desprovista de poder.
A las mujeres también se les somete violándolas, como expone didácticamente Las metamorfosis. Filomela, virgen hija del rey de Atenas fue violada por su cuñado Tereo, rey de Tracia, esposo de su hermana Progne. Tereo quedó ‘deslumbrado’ por la ‘espléndida belleza’ de Filomela quien —nos dice Ovidio— provocó ‘en su corazón (de Tereo) violento fuego’. Tereo es presentado por Ovidio como víctima de la belleza de Filomela, lo que justificaría de acuerdo al sistema de creencias misógino, que fue incapaz de controlar sus instintos. Tereo encerró en su palacio a Filomela y la violó: ella ‘imploró el auxilio de su padre y de su hermana… en vano llamó a los dioses en su ayuda’. En vano llamó a los dioses guerreros, ellos mismos violadores de diosas. Filomela acusó entonces a Tereo de haber violado ‘lo que la mujer tiene de más sagrado’, su virginidad.

Tereo se casó con Filomela para resarcir el daño causado al propietario, su suegro el rey de Atenas. Dijo Filomela: ‘Después de mi desgracia me encuentro como rival de la infortunada Progne y tú como marido de las dos… si alguna vez me encuentro en libertad, no me impedirá el pudor divulgar tu crueldad’.
La amenaza de Filomela implicó múltiples transgresiones: amenazó con actuar sin pudor rompiendo el silencio; violó el statu quo que le correspondía como objeto; rompió el orden establecido: se consideró a sí misma agraviada cuando ella ni existía como persona, era sólo una propiedad de Tereo. No acató la obligación de las mujeres exigida por la ley y las costumbres: sumisión total a sus dueños. Al ser violada, el único agraviado fue su padre el rey de Atenas, su anterior propietario, quien ya había quedado en conformidad con Tereo. Continúa Ovidio narrando el drama didáctico: ‘Estos reproches encendieron de ira a Tereo’, sacó la espada y cortó la lengua de Filomela, que cayó sobre la tierra ‘cual cola de culebra’. Después de mutilar a la transgresora ‘satisfizo aún cien veces su brutal pasión’.
El sistema de creencias que subyace a los comportamientos de Tereo, de su suegro el rey de Atenas y de los dioses Zeus y Hades están sustentados en la discriminación de las mujeres y la percepción de los hombres como dueños de toda la creación. Este sistema de creencias se mantiene vigente y consiste en la desvalorización de las mujeres y de lo femenino en contraste con la hipervaloración de los hombres y de lo masculino. Estas creencias discriminatorias propician el abuso sistemático de las mujeres que culmina en violaciones y feminicidios estadísticamente alarmantes en algunos países como México, más esporádicas en otros países con legislaciones más punitivas y menores índices de corrupción en la administración y procuración de justicia.
Han cambiado las legislaciones, pero el cambio de mentalidades es lento y costoso. Costoso para las mujeres que continúan siendo víctimas de violaciones y feminicidio.
Los hombres de las sociedades con mayores índices de violaciones y feminicidios aprenden desde niños una exhaustiva discriminación de las mujeres. A partir de estas creencias tóxicas se han creado teorías nocivas como es la teoría del penisneid, envidia de pene, con la que Sigmund Freud creyó abarcar y comprender la psicología profunda de las mujeres, fantaseando que el aparato genital masculino es suficiente para dar cuenta de la economía sexual infantil de los dos sexos.

La negación de nuestras capacidades por parte de la cultura dominante y por nosotras mismas como participantes de esta cultura dominante, nos mantuvo tradicionalmente separadas y desconfiadas unas de otras, sin la posibilidad de organizarnos y de reivindicar unidas nuestros derechos.
Las políticas de dominación sostenidas sobre los pilares de miedo/culpa/pudor nos impidieron incluso imaginar un cambio profundo en la humanidad que pudiera partir de nosotras utilizando el poder que tenemos de ser transmisoras de saberes, formadoras de mentalidades.
A fuerza de miedo, culpa y pudor nos olvidamos de nosotras mismas e interpretamos nuestra grandeza biológica como una desventaja generándose sentimientos de inferioridad respecto a los hombres. Nos convertimos en guardianas de las políticas de control de las mujeres.
Las mujeres que hemos despertado a la conciencia unificada reconocemos que el planeta está compartido por dos tipos igualmente necesarios de humanos anatómicamente diferentes, además de otras especies animales y un fabuloso mundo vegetal y mineral. A nosotras no nos causa conflicto aceptar la diferencia entre mujeres y hombres porque nuestros propios cuerpos son capaces de moldear a esos seres de formas diferentes y esencia semejante. No intentamos avasallarlos por ser diferentes, no albergamos contra ellos sentimientos de ira ni de muerte; no anhelamos dominarlos, pero sí exigimos compartir la Tierra en justicia para todas sus criaturas. Rechazamos las falsas creencias sobre la inferioridad de las mujeres y la superioridad de los hombres. Sabemos que los grandes valores humanos no son atributos limitados a los hombres; sabemos que el hombre guerrero dominante no es un modelo de perfección; sabemos que dios no es hombre y tenemos la oportunidad y la obligación de transmitir este mensaje para anular la lucha milenaria de una parte de la humanidad contra la otra parte para mantenerla sojuzgada.
Las madres y los padres con conciencia unificada transmitirán a sus hijos e hijas el poder del amor, la interconexión y la interdependencia de todos los seres; no formarán hijos altivos e hijas humilladas por el desamor, ciudadanos de primera clase y ciudadanas de segunda clase, sino hombres y mujeres que puedan convivir con pleno respeto a sus diferencias sirviéndose mutuamente.
#Niunamenos
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