supermag se activó demasiado pronto. Esto suele ser un indicador de que algún código del plugin o tema se ejecuta demasiado pronto. Las traducciones deberían cargarse en la acción init o más tarde. Por favor, visita Depuración en WordPress para más información. (Este mensaje se añadió en la versión 6.7.0.) in /home/partenon/public_html/wp-includes/functions.php on line 6121El cuerpo humano y la materia viva en general tienen un carácter coloidal que requiere agua para mantener sus propiedades: el agua constituye 70 a 80 por ciento de nuestro peso corporal. Aún los huesos están constituidos por 22 por ciento de agua. El agua es el fundamento de nuestra vida. A pesar que somos criaturas de agua, somos indiferentes de sus necesidades y no acabamos de despertar a la realidad que las necesidades del agua son también nuestras necesidades.

Las investigaciones sobre el agua hechas por Masaru Emoto permiten visualizar a través de fotografías lo que siempre ha conocido la sabiduría perenne: el agua es sensible y tiene memoria y conciencia. Las fotografías de cristales de agua muestran las cambiantes formas y colores que adquieren sus clusters o agregados de moléculas según el tipo de información que reciben y guardan. Esta capacidad de las moléculas de agua radica en que sus polos positivos y negativos actúan como imanes, adhiriéndose hasta conformar complejos agregados y, como ocurre con los copos de nieve, no hay dos clusters iguales. Cada influencia de orden energético crea un ordenamiento distinto de las moléculas de agua (1).
A nadie sorprende que el agua tomada de un río que fluye libremente se estructure en cristales hexagonales de gran belleza y que el agua de un río contaminado no presente estructuras armoniosas. La integridad y belleza del río de aguas cristalinas está presente en cada una de sus gotas: cada gota de agua de ese río traduce en su pequeña dimensión la misma belleza del río. Del mismo modo, la gota de agua del río contaminado refleja las condiciones del agua en clusters con formas agónicas y colores opacos. No podría ser de otro modo: la parte es un holograma del todo. Si bebiéramos el agua hexagonal produciría en nuestros cuerpos y mentes efectos diferentes que, si bebiéramos el agua del río contaminado, aunque filtráramos escrupulosamente el agua contaminada, porque la memoria del agua guardaría las vibraciones de su deplorable estado previo.
El agua no sólo almacena información sino también guarda sentimientos y conciencia. Los pensamientos, emociones, sonidos, palabras, escritos, música, crean estructuras moleculares geométricas que responden a las vibraciones recibidas. El agua expuesta a vibraciones de odio e ira responde creando clusters asimétricos, desorganizados y oscuros, semejantes a los clusters del agua tomada de ríos contaminados. El agua expuesta a información de amor y gratitud adquiere hermosas estructuras simétricas semejantes al agua de ríos que corren libremente incólumes. No olvidemos que somos criaturas de agua.

La sabiduría perenne transmite a través de mujeres y hombres dedicados a la tarea de recordar y compartir el recuerdo, que todo está vivo y es consciente, que la fragmentación es falacia de mentes que cuando despierten de la pesadilla de la separatividad se darán cuenta que todo es Uno. No puede existir nada fuera del todo, de otro modo no sería el todo. El todo es infinito… es inmutable (…). El todo es Mente viviente infinita: el iluminado lo llama Espíritu (2).
El agua, que constituye entre 70 y 80 por ciento del planeta y de nuestros cuerpos, nos enseña a través del lenguaje de sus clusters que no sólo los contaminantes químicos y bombas atómicas la destruyen junto a toda la vida que ella sostiene, sino que también los pensamientos, sentimientos y palabras la sanan o la enferman. Y si las vibraciones electromagnéticas de amor u odio la sanan o la enferman ocurrirá lo mismo con toda la materia viva que está constituida prioritariamente por agua.
Los cristales de agua de un río contaminado a los que se habla con frases de amor y gratitud transforman sus caóticas estructuras desorganizadas en bellas y luminosas estructuras hexagonales. El ancestral método de reconciliación y perdón Ho’oponopono, tradición de Hawai y de otras culturas con conciencia unificada del Pacífico Sur, adaptado como práctica de sanación por Morrnah Nalamaku Simeona y difundido en Occidente por su discípulo Hew Len, consiste en despertar la conciencia de amor y gratitud con frases dirigidas al Todo: lo siento, perdóname, gracias, te amo. Algo parecido hizo Masaru Emoto con el agua, y los clusters enfermos sanaron en resonancia con la vibración del amor.
Hace cerca de 2 500 años fue escrito en el Tao Te King atribuido a Lao Tse:
La Bondad Superior es como el agua
El agua favorece a todas las cosas y no excluye a ninguna
Permanece en los lugares que otros desprecian
Por esto se asemeja al Sabio
En el vivir halla la felicidad de la vida
En el pensar se asemeja al Profundo Abismo
En la bondad armoniza con todos
En las palabras es sincero
En el gobierno, equilibrado
En el trabajo obra con rectitud
En el caminar encuentra oportuno el tiempo
Siendo así no se opone y la maldad queda olvidada (3).
El Libro de las Mutaciones I Ching de la sabiduría milenaria china,explica el signo K’an, lo Abismal, el Agua: El movimiento del agua va desde arriba hacia abajo. El agua es oriunda de la tierra, pero se encuentra en el cielo, por eso su tendencia es retornar abajo… El agua fluye y no se acumula en ninguna parte; atraviesa sitios peligrosos y no pierde su confiabilidad… El agua fluye ininterrumpidamente y llega a la meta… Así el noble vive en constante virtud y ejerce el negocio de la enseñanza (4).
El agua se mueve, fluye, no trata de prevalecer en ninguna parte, su lugar es el movimiento mismo. No importa si se encuentra en un charco o en la nieve de la cúspide de una montaña, sigue siendo agua. Su constante es el cambio, la transformación. El agua nos enseña cómo debemos vivir. Las palabras que generan los más conmovedores cristales de agua son gracias y amor. Aquello que es beneficioso para el agua en la naturaleza también lo es para el agua que constituye nuestros cuerpos, que hace posible la vida física y sostiene la conciencia. Aquello que crea cristales de agua desestructurados y oscuros crea también en la humanidad conciencias y vidas desestructuradas y oscuras que causan daño en la Tierra.
No sólo estamos agotando los recursos acuíferos desde la perspectiva cuantitativa, sino también los estamos agotando desde la perspectiva cualitativa. Somos seres de agua al igual que todas las criaturas de la Tierra, y en la medida en que mantengamos a la memoria del agua en estado de pesadilla, así también nuestra memoria y la memoria de las criaturas con quienes compartimos el planeta —que es una sola memoria interdependiente con la memoria del agua— continuarán en estado de pesadilla.

Los malos hábitos de vida material y espiritual y el incremento de la edad producen una disminución del agua estructurada del cuerpo y un aumento del agua desorganizada. Sanar nuestros cuerpos y mentes es sanar el agua que sostiene la materia viva que somos. Curemos el agua de nuestros cuerpos bebiendo agua de calidad y proporcionando vibraciones de amor y gratitud al Todo. El agua es portadora de informaciones que absorbemos cuando la bebemos convirtiéndose en una parte de nuestro cuerpo (5).El agua transmite a nuestras células su estado de conciencia.
La calidad física del agua no puede ser separada de su calidad espiritual. La conciencia afecta a la materia. El agua que consumimos no sólo es determinante para la salud del cuerpo sino para vivir en armonía mental y emocional. La calidad del agua que consumimos y no la cantidad que bebamos es un factor determinante del grado de hidratación o de deshidratación del cuerpo, de la alcalinidad o acidez de la sangre, de la oxidación de nuestras células; en otras palabras la calidad del agua que consumimos es un factor determinante para la estabilidad y equilibrio físico, mental y emocional.
El agua que gran parte de la humanidad consume no cumple con los requerimientos biológicos de la vida. La memoria del agua conserva el perfil electromagnético de las sustancias que ha llevado en disolución, aunque ya no estén presentes en ella. Se potabiliza el agua eliminando impurezas, químicos, microorganismos, pero no se transforma el patrón vibratorio de las toxinas que almacena en su memoria y que transmitirá a la materia viva con la que entre en contacto. Es por esta capacidad de memoria que los cristales de agua tratada con los sistemas convencionales presentan estructuras distorsionadas que contrastan con las hermosas estructuras del agua que no ha recibido vibraciones caóticas. Esta agua tratada y purificada por métodos que no toman en cuenta la conciencia del agua, continúa muerta. Es esta agua la que se usa comúnmente no sólo para la higiene personal, sino aún para beber y cocinar. Afortunadamente no sólo tenemos la capacidad de destruir el agua, también tenemos la capacidad de restablecer su esencia proporcionándole los medios adecuados que rescaten sus características originales.
El agua embotellada es usualmente sometida a procesos que tienden a desmineralizarla. Bajo infinidad de etiquetas se envasa en botellas plásticas desechables que se venden en todo el mundo. Es común que las botellas desechables contengan Bisfenol A (BPA), producto químico industrial dañino para la salud usado desde la década de los 60. El uso de estas botellas plásticas genera un alto costo para la vida en general. Al año se producen 28 mil millones de botellas que tardan aproximadamente mil años en degradarse. Para fabricarlas se consumen 17 millones de barriles de petróleo y se liberan 2millones 500 mil toneladas de dióxido de carbono (6).
La mayoría de las personas no tenemos la posibilidad de beber directamente agua pura de manantial sin embotellar. El agua de manantial embotellada ha perdido su memoria original y manifiesta en sus clusters las vibraciones a la que es sometida: vibraciones ajenas al manantial. Sin embargo, tenemos la oportunidad y la responsabilidad de beber agua que haya recuperado sus características esenciales de conciencia convirtiéndose en agua similar a la de manantial.

Existen sistemas para el restablecimiento de la memoria esencial del agua y de sus características químicas y estructurales, de tal forma que el agua potable de la llave se regenere y convierta en agua semejante a la de manantial. Para lograr esta similitud el agua debe ser en un inicio purificada con filtros que sigan el principio de filtración natural del agua mineral de manantial. Debe asimismo ser alcalinizada, mineralizada, ionizada con aniones, magnetizada, estructurada.
Quienes consumen sistemáticamente agua que ha recuperado sus características físico químicas y su conciencia esencial, experimentan efectos favorables en la salud física, mental y emocional. Si al consumo de agua viva se adiciona una actitud de gratitud y amor, sin lugar a dudas se experimentará una gran transformación. Sanando nuestras vidas, sanaremos la Tierra.
(1)Masaru Emoto y Jürgen Fliege El poder curativo del agua, pdf.
(2) El Kybalión, Editorial Prana México 2019; pp 40, 41, 43.
(3) Lao-Tsē Tao Te King Ediciones Coyoacán 1996; p 37.
(4) I Ching Comentarios de Richard Wilhelm Editorial Hermes, México 1988; pp 196-197.
(5) Masaru Emoto y Jürgen Fliege, op cit p 11.
(6) Datos difundidos por la empresa japonesa Nikken.
bioenergiaholistica.mitiendanikken.com
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I am you/You are me
We blindly live fearing the scarcity of what we consider good and longing for what gives us peace. We believe that both the feared and the yearned for appear and disappear in a random, unpredictable way, stemming from mysterious and uncontrollable turns of luck. The truth is that we are not prisoners of luck or of any god’s whims of punishment or rewards. Luck does not exist. Empowerment comes from the understanding and conscious practice of the network of interconnections in which we exist, and the relationship between cause and effect.

When an individual ignores the Law of Responsibility -also known as the Law of Retribution, Law of Cause and Effect, or Law of Karma- he feels powerless to choose the path of his life. The person feels victim of dark forces, powers out of his control that produce the feared or longed effect without the possibility of foreseeing the present and much less the future.
By ignoring the retributive concatenation of our acts, one lives in insecurity and fear feeling victim of dark unknown forces. From this dynamic of ignorance, life is perceived as a random act and therefore as an unpredictable sequence of rewards and punishments that generate insecurity and fear.
Freeing ourselves from this ignorance consists in understanding that we reap what we have sown, even if we do not remember the circumstances of the sowing, or ignore the type of seed we had planted. The strategy to achieve this liberation does not consist in performing rituals or other techniques arising from insecurity. The strategy is total adherence to goodness, is ‘to treat others as you would like them to treat you’. This is the golden rule of ethics in which all religions are based. The book of Galatians (6,7) says illustrating the Law of Cause and Effect: “for whatever a man sows, that he will also reap.” With the application of this simple principle of knowledge, we can select to plan seeds of peace instead of seeds of suffering. However, previously sown seeds of suffering will bear its fruit while the field gets ready for the new harvest.

The good I do to my neighbor (not only humans, but any creature) I am doing it to myself because my “I” is not an exclusive, separate or single entity but a oneness, a network of interconnected I’s and you’ s.
If I harm others, I will be hurting myself. If I live exercising compassion, I will live immersed in the compassion of all visible and invisible beings, part of the unimaginably vast and admirable creation of which I am an active part.
It is enough for the sower to know that the seed sown will germinate in the darkness of the earth and his sprouts will come into view at some unexpected moment.
Giving and receiving are two sides of the same coin: what is given is being received, and what is received is being given. By ignoring this reciprocal relationship between giving and receiving, one lives in the greatest turbulence without understanding that what is received is similar in nature to what is being given. Seeds of greed and anger are sown in the hope to reap benevolence and justice. This dissociated or fragmented consciousness produces suffering.
Everything that exists is linked to everything else; every thought, intention, feeling, word or action resonates in similarity the same way the echo is similar to the sound that produces it. That is why it is necessary to live cautiously, in the awakened consciousness that our actions resound not only in our close environment but in everything that exists. The great wars, the holocausts, the violence we see every day in our societies are the product of the anger energies dwelling in our hearts. Each human heart provides the world with war or peace energy. Let’s be aware of the consequences we generate by the way we conduct our lives and its repercussions, not only for ourselves but for humanity and creation as a whole. We are one hundred percent responsible for what happens in our daily lives as for what happens in the infinite and eternal Life.
Affinities are networks of relationships in which we move; they are creations produced by the way of living we choose. For example, a cunning person is linked to the deceitful affinity network as an honest person, who does not seek personal recognition, creates an affinity with graciousness and integrity. These affinity networks are visible and invisible; each vibration we produce is mutually entangled and reinforce each other. By ignoring this interconnectedness, in fragmented minds, human beings cause fear and terror on the planet. Fear and terror harvested not only by those who planted it, but that spreads throughout the entire creation. Genesis 9: 2 says: ‘…the fear of you and the dread of you shall be on every beast of the earth, on every bird of the air, on all that move on the earth, and on all the fish of the sea. They are given into your hand.’ When an individual fully understands the interconnection -the Interbeing- renounces to cause damage. Progressively, his clouded mind discerns what he previously was not able to see, and grasps that what was considered good might have been bad and vice versa. This new understanding allows the person to make corrections, because bitter and fresh water cannot come out at the same time and from the same source.

Correction or return to interconnected consciousness is the method offered by the perennial wisdom to achieve a benign form of existence. Correction sets in motion the return to the other shore, the shore from which we once departed to the sea of confusion.
Perennial wisdom teach us that in the face of important events in our lives, whether we consider them favorable or unfavorable, we must ask ourselves: ‘What should I learn from this event? The necessary life changing transformations will progressively emerge from this inner will to exercise peace and love in our daily lives. As the result, new networks are activated in the subtle planes of life (biochemical, bioenergetic, psychological, spiritual) until the understanding that leads to wisdom is consolidated. Wisdom is nothing but the practical application of the principle of Unity.
To transform, we must not blame ourselves, instead we must take advantage of our mistakes. Guilt is produced by a past action, understood in the present as a mistake, but not considered as such in the past. Guilt produces stagnation and prevents transformation. We need to wake up to the consciousness of interconnectedness to get out of this dream and the numbness that it produces. We can generate admirable effects of peace and good in our lives, in our immediate environment, and in all of creation. Let’s transform our hearts so that we can congruently create a new way of life where there will be no more victims of the violence that we carry generation after generation in an endless intergenerational chain. Let’s use the greatest transforming power within us, the immeasurable power of love. This power mobilizes all the related forces of love and compassion to activate the great transformation that we all desire and deserve. It is up to each one of us to plant causes of love and compassion, to heal our souls and the soul of the Earth.
The post CAUSE AND EFFECT first appeared on Aída Reboredo.]]>Relax, that’s not your fear, it’s the fear of the flyer (2).
COVID-19, a new type of Coronavirus declared as a pandemic by the World Health Organization, is not an exceptional case in relation to other recent epidemics; nor is it the virus that has produced -so far- the highest mortality rates. This is the seventh global epidemic of the 21st century, beside to SARS in 2003, Avian Flu in its H5N1 strain in 2005, the H1N1 pandemic in 2009, the MERS-CoV in 2012, Ebola and Zika in 2014.
The COVID-19 pandemic shows the imminent need to correct the fragmented state of our consciences, a state that is the origin of the imbalance in our interpersonal relations and with nature. It does not matter if we are or not aware of the interconnection, and unity in which we are intertwined with everything that exists. This interconnection exists, even if we do not take it into account. However, by ignoring it, we produce the climatic and ecological chaos that we are experiencing and of which COVID-19 is just one more consequence among many others.

It is not necessary to grasp the meaning of the Holographic Principle or the String Theory to understand that the part affects the whole and vice versa. We can trust and operate on this perennial wisdom as old as humanity. The power of each person does not depend on the circumstances in which he finds himself, rather it lies in the human capacity to live in peace and harmony with creation, without harming himself or others.
The struggle undertaken by a single individual to live in interconnection is not trivial. The repercussion produced by a personal attempt is not limited to the individual’s visible environment, rather it encompasses the complex scope of quantum reality as well as the world of inorganic beings actively related to our material-spiritual form of existence. There is such a holographic relationship between the part and the whole that nothing is limited to the time and space in which it occurs, hence the thoughts and emotions of an isolated individual are reflected not only in his world, but in the universe. The great power to transform what exists lies in the interconnection. A thought of love and peace nurtured in silence, will resonate throughout the entire creation.
Humanity has survived various massive forms of destruction and has endured suffering without addressing the cyclic causes that originate them. The Coronavirus pandemic is being produced by same root that creates poverty, hunger -even when there are enough resources- and which also generates annihilating wars. The root cause is the lack of love produced by the fragmentation in which we live. Disconnected from ourselves, our neighbor, nature and life in general, we can only create imbalances. Fear generates imbalance and disharmony, while love generates balance and harmony: There is no fear in love; but perfect love casts out fear, because fear involves torment. But he who fears has not been made perfect in love (3).
Restrictive sanitary precautions to control the pandemic compel millions of people to remain at home forcing them to abandon the automatism of their daily routines. This situation allows more free time, promotes solitude and provides the opportunity to rethink their way of life and the quality of their interpersonal relationships. All these favorable effects will impact not only the millions of humans affected, but also the ecological environment in which they exist. Policies to address the spiritual, psychological, and bioenergetic root cause of this pandemic should be added to the sanitary precautions already in place.

If the Coronavirus causes us to react in panic, anger and rejection, we will be recreating the same energies of fear and hatred that originated the pandemic in the first place and that must be corrected. If we accept this pandemic as a by-product of the state of our collective consciousness, then we will be empowered and motivated to generate a healing energy instead of a harmful one. We can psychologically and spiritually confront this pandemic in a different way than usual. However, the energy of our habits constrains us to repeat generation after generation -in complex intergenerational chains- the same emotional patterns in emergency situations: fear, anger, rejection.
If we unlearn this intergenerational pattern of interpretation / reaction and learn new ways to interact with each other and with nature, we will stop the advance of this virus and any other form of damage: territorial wars, poverty and hunger.
What happens in the outside world is nothing but the manifestation and reflection of our thoughts, feelings, words and actions. COVID-19 is nature’s own reaction to the greed, anger and ignorance in which we live. The energy harbored in our hearts is reflected to the outside world, with the same or grater destructive characteristics than the ones which generate them, although with different appearances.
We usually act from the fragmented vision of reality ignoring that the world is a network of interconnections and reflections, as illustrated by the Indra’s Net metaphor. If we correct this false idea of separability and turn it into a conscience of interpenetration, we will live in the perspective of interdependence acting with the kindness that arises from the interconnectedness.
By transforming the self-centered vision into an integrative one we will correct the causes of all evils that overwhelm us. If we give up the egotistical stance based on personal importance and learn respectful ways to interconnect with each other and with everything that exists, we will heal ourselves as individuals, families and communities. In other words, we will heal the Earth. COVID-19 as well as natural, climatic and ecological catastrophes, are manifestations of our state of consciousness and opens a path for reflection that could correct the harmful way in which we relate to other human beings, to animals and to nature in general.

… we have nothing to fear as long as we are connected, because with our connection (we generate) a force that kills all viruses … The connection between us is a natural force that operates against all negative forces … nothing can resist that connection (which) kills all the harmful: spiritual harmful, bodily harmful (…) Our thoughts are the most destructive force or the most positive force in nature … Love, connection, that is the positive force that orders and destroys all negative things. By wanting to connect, with the same thought and the same purpose, we create a field, a force: thought is force, a field, and when we connect our forces, we create a field where nothing can harm us (4).
Global panic states are often generated by circumstances similar to the ones we are experiencing today. Human reactions of fear and anger in the wake of imminent danger generate egregors. An egregor is an organized, intelligent accumulation of energy resulting from a personal vibrational field and which later aggregates with similar vibratory fields. Personal egregors or thoughtforms become autonomous from the individuals who created them. Individuals become prisoners, and unable to be set free keep repeating the same emotional patterns of vibration that originated, sustains, and nourishes these egregors.
The synergistic intelligence characterizing these energetic entities called egregors allows them to consolidate until they become the watchmen of the multitudes astral body. These thoughtformsare obsessors who, along with other visible and invisible forces, ensure that the crowds repeat generation after generation the same thoughts and emotional patterns. As a result, the multitudes come to think and feel as a collective group mind and this unification of feelings and thoughts warrants their permanence in time and space. The egregors are not the only ones being fed by fear and anger, but other inorganic beings as well.
Many entities of the universe, entities that possess consciousness, but not an organism, land on the consciousness field of our world (5). We have a predator that came from the depths of the cosmos and took over the rules of our lives. Human beings are its prisoners. The predator is our lord and master. It has made us to become docile, helpless. If we want to protest, suppress our protests. If we want to act independently, it orders us not to (6).

The Gospels offer the wisdom to free us from the various oppressive entities that serve the same purpose. The evangelists also bear witness to the work of Jesus against the invisible powers that maintain humanity in a state of spiritual and physical imprisonment. The book of Ephesians describes this struggle: For we do not wrestle against flesh and blood, but against principalities, against powers, against the rulers of the darkness of this age, against spiritual hosts of wickedness in the heavenly places (7). The fight is spiritual and psychological in nature in order to renew the physiological, biochemical and bioenergetic structures that support the new non-harmful ways of thinking and feeling.
We are not alone in this fight since we have an army of angels in our favor: No evil shall befall you,
Nor shall any plague come near your dwelling;
For He shall give His angels charge over you,
To keep you in all your ways.
In their hands they shall bear you up,
Lest you dash your foot against a stone (8).
Today we are facing a double challenge: the pandemic itself and the fear to the pandemic. The pandemic is perceived as invincible, like a shadow that could reach us at any time. As a result, it produces the energy of fear that nourishes inorganic beings and strengthens the dominant invisible powers:
for them we are food, and they squeeze us without compassion because we are their livelihood. Just as we raise chickens in chicken coops, so they also raise us in human coops (9) (…) they keep us alive to feed on the energetic flare of our pseudo-concerns (10).
For more than one reason, we must join to transform panic into peace and solidarity. If we deactivate the selfishness and fear with which we are facing this pandemic, if we unite rather than separate further, we will deactivate the power with which the COVID-19 advances. We will also deactivate the power of the visible and invisible forces that keep humanity captive, blind, and fearful of real or imaginary enemies. All battles fought from ignorance leave a positive balance in favor of fear.
We are not alone.
(1) Miguel de Cervantes Don Quixote de la Mancha, IV Centennial Edition, Royal Spanish Academy. Ingramex, Cd México 2004, First part, chap XVIII p 161.
(2) Carlos Castaneda The Active Side of Infinity Suma de Letras, S.L. Madrid 2002 p 376.
(3) First Epistle of the Apostle John 4,18; New King James Version (NKJV)
(4) Dr Michael Laitman Will we have to fear? The World: Coronavirus Epidemic YouTube, March 2020.
(5) Carlos Castaneda, op cit p 318.
(6) id p 362.
(7) Ephesians 6,12 NKJV, op cit.
(8) Psalm 91,10-12 id.
(9) Carlos Castaneda op cit p 363.
(10) id p 367.
The post CORONAVIRUS AND FEAR – Dangerous Allies first appeared on Aída Reboredo.]]>Quédate tranquilo, ese no es tu miedo, es el temor del volador (2).
El COVID-19, un nuevo tipo de Coronavirus catalogado como pandemia por la Organización Mundial de la Salud, no es un caso excepcional en relación a otras epidemias recientes; tampoco es el virus que haya producido —hasta ahora— las mayores tasas de mortalidad. Esta es la séptima epidemia global del siglo XXI, las otras han sido SARS en 2003, la gripe aviaria en su cepa H5N1 en 2005, la pandemia H1N1 en 2009, el MERS-CoV en 2012, el Ébola y el Zika en 2014.
La pandemia COVID-19 muestra la necesidad inminente de corregir el estado de fragmentación de nuestras conciencias, estado que es el origen del desequilibrio en las relaciones humanas y con la naturaleza. No importa si somos conscientes o no de la interconexión, de la unidad en que intersomos con todo lo existente, porque esta interconexión existe, aunque no la tomemos en cuenta. Al no tomarla en cuenta producimos el caos climático y ecológico que experimentamos y del que el COVID-19 es una consecuencia más entre tantas otras consecuencias.

No es necesario entender el principio holográfico o la teoría de cuerdas para apropiarnos del conocimiento que consiste en que la parte incide sobre el todo y viceversa. Podemos interactuar confiados en esta sabiduría perenne tan antigua como la humanidad. El poder de cada persona no depende de las circunstancias en que se encuentra sino radica en la capacidad que desarrolle para vivir en paz y armonía con la creación, sin dañar ni dañarse.
No es banal la lucha que emprende un solo individuo por vivir en interconexión, porque la repercusión que produce ese intento personal no queda limitado a su entorno visible, sino abarca el complejo ámbito de la realidad cuántica, así como el mundo de los seres inorgánicos que se relacionan activamente con nuestra forma material-espiritual de existencia. Existe tal relación holográfica entre la parte y el todo que nada está limitado al tiempo y espacio en que ocurre, de ahí que los pensamientos y emociones de un individuo aislado se reflejan no sólo en nuestro mundo sino en el universo. Nuestro gran poder para transformar lo existente radica en la interconexión. Un pensamiento de amor y paz que abriguemos en silencio repercutirá en toda la creación.
Durante milenios la humanidad ha sobrevivido a diversas formas masivas de destrucción y sufrimiento sin organizarse para transformar las causas que los originan cíclicamente. La causa que origina ahora la pandemia del Coronavirus es la misma que crea la pobreza y el hambre en el mundo aun cuando existen recursos suficientes; es también la misma causa que genera las guerras aniquiladoras. La causa es el desamor producido por la fragmentación en que vivimos; desconectados de nosotros mismos, del prójimo, de la naturaleza y de la vida en general sólo podremos crear desequilibrios. El miedo genera desequilibrio y desarmonía, el amor genera equilibrio y armonía: ‘En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera al temor, porque el temor proviene de la desconfianza, y el que teme no ha sido perfeccionando en el amor’ (3).
Las medidas sanitarias restrictivas para el control de la pandemia compelen a millones de personas a permanecer en sus casas, lo que produce efectos colaterales favorables para la crisis climática y ecológica. Efectos favorables también para los millones de personas forzadas a abandonar el automatismo de sus rutinas diarias, lo que les concede soledad y tiempo libre, así como para muchos la oportunidad de repensar la forma en que viven y la calidad de sus relaciones humanas. A estas políticas sanitarias deberían agregarse aquellas que transformen el origen espiritual, psicológico y bioenergético de la pandemia.

Si el Coronavirus nos produce miedo, ira, rechazo, estaremos recreando las mismas energías de miedo y odio que lo produjeron y que es conveniente corregir. Si lo aceptamos como un subproducto del estado de nuestra conciencia colectiva, entonces nos empoderaremos y estaremos motivados a generar energía de sanación y ya no más energía de daño. Tenemos la oportunidad de enfrentar psicológica y espiritualmente esta pandemia de una manera diferente a la usual. Sin embargo, la energía de los hábitos nos constriñe a repetir generación tras generación – en complejas cadenas intergeneracionales – las mismas pautas emocionales ante las situaciones de emergencia: miedo, ira, rechazo. Si desaprendemos este modo intergeneracional de interpretación/reacción y aprendemos nuevas formas de interrelacionarnos entre nosotros y con la naturaleza, detendremos el avance tanto de este virus como de cualquier otra forma de daño y perjuicio, incluidas las guerras de conquista de territorios en sus modalidades actuales, la pobreza y el hambre en el mundo.
Lo que ocurre en el mundo exterior es la manifestación, el reflejo de nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y acciones. El COVID-19 es efecto, reacción de la naturaleza a la codicia, la ira y la ignorancia en que vivimos cada día. La energía albergada en nuestros corazones se refleja en el mundo exterior, el mundo en que vivimos, con características destructivas de igual o mayor intensidad que como las generamos, aunque con apariencias diversas.
Actuamos usualmente con la conciencia fragmentada desprovista del entendimiento que el mundo es una red de interconexiones y reflejos, como ilustra la metáfora de la Red de Joyas de Indra. Si corregimos esta falsa idea de separabilidad y la convertimos en conciencia de unidad, viviremos en la perspectiva de la interdependencia actuando con la benignidad que surge de la conciencia de interconexión.
Al transformar la visión centrada en el pequeño yo en una visión integradora, corregiremos las causas de todos los males que nos abruman. Si renunciamos a la visión ególatra basada en la importancia personal y aprendemos formas respetuosas de interconexión con todo lo existente, sanaremos como personas, sanaremos a nuestras familias, comunidades y países: sanaremos la Tierra. El COVID-19 y todas las epidemias y pandemias, así como las catástrofes naturales, climáticas y ecológicas, son manifestaciones de nuestro estado de conciencia y nos abre un camino de reflexión que pudiera corregir la forma dañina en que nos relacionamos entre humanos, con los animales y con la naturaleza en general.
‘… no tenemos de qué temer siempre y cuando estemos conectados, porque con nuestra conexión (generamos) una fuerza que mata a todos los virus… La conexión entre nosotros es una fuerza natural que opera en contra de todas las fuerzas negativas… nada puede resistir esa conexión (que) mata a todos los dañinos: dañinos espirituales, dañinos corporales (…) Nuestros pensamientos son la fuerza más destructiva o la fuerza más positiva en la naturaleza… Amor, conexión, eso es lo que ordena la fuerza positiva y destruye todas las cosas negativas. Al querer conectarnos con un mismo pensamiento, un mismo propósito, creamos un campo, una fuerza: el pensamiento es fuerza, es un campo y nosotros conectamos nuestras fuerzas, entonces creamos un campo de fuerzas donde nada nos puede hacer daño’ (4).
Con cierta regularidad se producen circunstancias que generan estados globales de pánico semejantes al que experimentamos en la actualidad. La reacción humana de miedo e ira ante los peligros considerados inminentes genera egregores que a su vez potencian estas emociones. Un egregor es un cúmulo de energía organizada e inteligente que inicia su existencia como resultado de un campo de vibración personal; posteriormente se aglutina con campos vibratorios semejantes. Después de unificarse con egregores generados por pensamientos y sentimientos similares, los egregores personales se independizan de quienes los crearon, aunque sus creadores no logren independizarse de ellos y permanezcan bajo su influencia repitiendo las pautas emocionales afines a la vibración que los formó, que los nutre y los sostiene.

La inteligencia sinérgica que caracteriza a estas formaciones energéticas les permite consolidarse hasta convertirse en vigilantes del cuerpo astral de las multitudes. Se convierten en obsesores que, junto con otras fuerzas visibles e invisibles, aseguran que las multitudes repitan generación tras generación los mismos pensamientos y patrones emocionales; de esta forma las multitudes llegan a pensar y sentir como una unidad. Esta unificación de sentimientos y pensamientos asegura en el tiempo y en el espacio la permanencia de los egregores. Pero los egregores no son los únicos a quienes alimentamos con miedo e ira. Alimentamos también a otros seres inorgánicos,
‘Muchas entidades del universo en su totalidad, entidades que poseen conciencia, pero no organismo, aterrizan sobre el campo de conciencia de nuestro mundo (5). Tenemos un predador que vino desde las profundidades del cosmos y tomó control sobre nuestras vidas. Los seres humanos son sus prisioneros. El predador es nuestro amo y señor. Nos ha vuelto dóciles, indefensos. Si queremos protestar, suprime nuestras protestas. Si queremos actuar independientemente, nos ordena que no lo hagamos (6).
Los Evangelios ofrecen el conocimiento para liberarnos de las diversas entidades opresoras que responden a un mismo fin. Los evangelistas dan asimismo testimonio de la obra de Jesús contra los poderes invisibles que coadyuvan para mantener el estado de encadenamiento espiritual y físico de la humanidad. El libro de Efesios describe esta lucha: ‘porque su lucha no es contra carne y sangre, sino contra principados, contra gobernantes, contra los poseedores de este mundo de tinieblas y contra los espíritus malignos que están bajo los cielos’ (7). La lucha es espiritual y psicológica para renovar las estructuras fisiológicas, bioquímicas y bioenergéticas sustentadoras de las nuevas formas no dañinas de pensar y sentir.
No estamos solos en esta lucha porque contamos con un ejército de ángeles a nuestro favor: ‘El mal no se acercará a ti, ni plaga tocará tu morada, porque Él dará órdenes a sus ángeles acerca de ti para que te protejan en todos tus caminos; en sus brazos te llevarán para que tu pie no tropiece’ (8).

Hoy estamos enfrentando un doble reto: la pandemia en sí misma y el miedo a la pandemia. La pandemia es interpretada como invencible, como una sombra que pudiera alcanzarnos en cualquier momento, por eso provoca la energía del miedo que sostiene a los seres inorgánicos y fortalece a los poderes dominantes: ‘para ellos somos comida, y nos exprimen sin compasión porque somos su sustento. Así como nosotros criamos gallinas en gallineros, así también ellos nos crían en humaneros (9) (…) nos mantienen vivos para alimentarse con la llamarada energética de nuestras seudopreocupaciones’ (10).
Por más de una razón es conveniente unirnos para transformar el pánico en paz y solidaridad. Si desactivamos el egoísmo y el miedo con que estamos enfrentando esta pandemia, si nos unimos en vez de separarnos más, desactivaremos la potencia con que avanza el COVID-19. Desactivaremos asimismo el poder de las fuerzas visibles e invisibles que mantienen a la humanidad cautiva, ciega y temerosa ante enemigos reales o imaginarios. Todas las batallas libradas desde la ignorancia dejan un saldo positivo a favor del miedo.
No estamos solos.
(1) Miguel de Cervantes Don Quijote de la Mancha, Edición del IV Centenario, Real Academia Española. Ingramex, Cd México 2004, Primera parte, cap XVIII p 161.
(2) Carlos Castaneda El lado activo del infinito Suma de Letras, S.L. Madrid 2002 p 376.
(3) Primera Epístola del Apóstol Juan Biblia Peshitta en Español. Traducción de los Antiguos Manuscritos Arameos, Tennessee 2006.
(4) Dr Michael Laitman ¿Tendremos que temer? El mundo: Epidemia de Coronavirus YouTube, Marzo 2020
(5) Carlos Castaneda, op cit p 318.
(6) id p 362.
(7) Efesios 6,12 Biblia Peshitta en Español, op cit.
(8) Salmo 91,10-12 id.
(9) Carlos Castaneda op cit p 363
(10) id p 367
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Yo soy tú/tú eres yo
Se vive a ciegas temiendo la escasez de lo que consideramos bueno y anhelando lo que nos da paz. Se cree que tanto lo temible como lo anhelado aparecen y desaparecen de forma aleatoria, impredecible, provenientes de misteriosos e incontrolables giros de la suerte. Lo cierto es que no somos prisioneros de la suerte ni de algún dios que nos castigue o recompense de acuerdo a sus caprichos. La suerte no existe. Empoderarnos proviene de entender y vivir la red de interconexiones en la que existimos y actuar conscientes de la relación entre causa y efecto.

Cuando la persona ignora la ley de responsabilidad, ley de retribución, ley de causa efecto o ley de karma, se siente impotente para definir la ruta de su vida, se siente víctima de fuerzas que se mueven en la oscuridad, poderes que no controla y que producen lo temido o lo anhelado sin que exista la posibilidad de prevenir el presente y menos aún el futuro.

Al ignorar la concatenación retributiva de los actos se vive en inseguridad y miedo sintiéndose la persona víctima de fuerzas oscuras que desconoce. En esta dinámica de la ignorancia, la vida se percibe como una secuencia aleatoria y por lo tanto impredecible de recompensas y castigos que generan inseguridad y miedo.
La liberación de esta ignorancia consiste en entender que cosechamos lo que hemos sembrado aunque no recordemos las circunstancias de la siembra o ignoráramos en el momento de la siembra el tipo de semilla que estábamos sembrando. La estrategia para lograr esta liberación no consiste en la realización de rituales u otras técnicas surgidas de la inseguridad. La estrategia es la adhesión total a la bondad: “trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”; en esta regla de oro se fundamenta la ética de todas las religiones: “lo que se siembra se cosecha” dice el libro de Gálatas (6,7) y en esto consiste la ley de causa efecto. Con la aplicación de este conocimiento simple se siembran semillas de paz y no se siembran semillas de sufrimiento. Aunque las semillas de sufrimiento sembradas anteriormente darán sus frutos que se cosecharán mientras se aliste el campo para la nueva siembra.

Como todo está interconectado, el bien que hago al prójimo (no sólo humano, sino a cualquier criatura) me lo estoy haciendo a mí porque mi yo no es una entidad exclusiva, separada ni aparte sino una unidad, una interconexión de yos, un vínculo unívoco yo/tú.
Si daño seré dañada, si vivo ejerciendo compasión por todos los seres, viviré inmersa en la compasión de todos los seres visibles e invisibles de la inimaginablemente vasta y admirable creación de la que formo parte activa y no pasiva.
Al sembrador le basta saber que la semilla sembrada germinará en la oscuridad de la tierra y sus retoños saldrán a la vista en algún momento inesperado.
Dar y recibir son dos caras de la misma moneda: lo que se da se está recibiendo y lo que se recibe se está dando. Al ignorar este carácter recíproco entre dar y recibir se vive en la mayor turbulencia sin entender que lo recibido es semejante a lo que se está dando. Se siembran semillas de codicia e ira y se espera cosechar benevolencia y justicia. Esta conciencia desvinculada o conciencia fragmentada produce sufrimiento.
Como todo lo existente está vinculado entre sí, todo pensamiento, intención, sentimiento, palabra o acción resuena en semejanza como el eco es semejante al sonido que lo produce. Por eso es necesario vivir con cautela, con la conciencia despierta, siendo conscientes que con nuestras vidas producimos consecuencias no sólo en nuestras casas, sino en todo lo existente. Las grandes guerras, los holocaustos, la violencia que constatamos cada día en nuestras sociedades es la suma de las energías de ira de nuestros propios corazones. Cada corazón humano provee al mundo energía de guerra o energía de paz. Seamos conscientes de las consecuencias que genera la manera en que vivimos cada instante, consecuencias no sólo para quienes las producen sino para la humanidad y la creación en su conjunto. Somos cien por ciento responsables de lo que ocurre no sólo en nuestro diario vivir, sino en la Vida infinita y eterna.
Las afinidades son redes en las que nos movemos, son creaciones producidas por la forma de vivir que se escoge. Una persona astuta para engañar se vincula a la red de afinidad de la astucia; una persona que vive en verdadera bondad y no en la falsa bondad del ego que busca reconocimientos, crea afinidad con la bondad. Estas afinidades que creamos son visibles e invisibles; cada vibración que producimos se interconecta potenciándose mutuamente. Por vivir ignorando esta interconexión, en mentes fragmentadas, los humanos causamos temor y terror en la Tierra. Temor y terror que no sólo cosecha quien lo siembra, sino que se esparce por toda la creación. Génesis 9:2 dice: ‘El temor y el terror de ustedes estará sobre toda bestia de la Tierra y sobre toda ave del cielo, sobre todo lo que se arrastra en la tierra y sobre todos los peces del mar, pues serán entregados en sus manos’. Cuando una persona entiende en toda su profundidad la interconexión, el Interser, renuncia a causar daño y progresivamente su mente obnubilada discierne lo que antes no discernía, entiende que es malo lo que antes consideraba bueno y viceversa, y corrige, porque de una misma fuente no puede salir agua amarga y agua dulce a la vez.
El método que nos ofrece la sabiduría perenne para lograr una forma no dañina de existencia, es la Corrección: el retorno a la conciencia de interconexión. La Corrección pone en marcha el retorno a la otra orilla, la orilla de la que alguna vez partimos hacia el mar de la confusión.
La sabiduría perenne nos muestra que ante hechos importantes de nuestras vidas, sea que los consideremos favorables o desfavorables, nos preguntemos ¿qué debo aprender de esto? Ante este voluntad de ejercer paz y amor en nuestro diario vivir, se logran progresivamente las transformaciones necesarias para el cambio de vida, activándose nuevas redes en los planos sutiles de la vida (bioquímico, bioenergético, psicológico, espiritual) hasta que se consolida el entendimiento que conduce a la sabiduría, considerando que la sabiduría es la aplicación práctica del conocimiento de la unidad.
Nunca culparnos, sino aprovechar los errores para transformarnos: la culpa la produce un error pasado que en el presente se entiende que fue un error, pero en el pasado no se entendía que fuera un error. Salir del ensimismamiento, del adormecimiento, despertar a la conciencia de interconexión. La culpa produce estancamiento e impide la transformación de la conciencia. Somos seres capaces de generar efectos admirables de paz y bien en nuestras vidas, en nuestro entorno inmediato y en toda la creación.
Transformemos nuestros corazones para que podamos crear en congruencia la nueva forma de vida que asegure que no habrá más víctimas de la violencia que arrastramos de generación en generación, en interminables cadenas intergeneracionales. Usemos el mayor poder transformador al alcance de un ser humano: el inconmensurable poder del amor. El poder del amor moviliza todas las fuerzas afines de amor y compasión activadoras de la gran transformación que todas y todos anhelamos y merecemos, pero depende de cada una, de cada uno, de tí, de mí, sembrar causas de amor y compasión para la sanación de nuestras almas y del alma de la Tierra.